OPINIÓN. “Una de las consecuencias del populismo es degradar la política y enfrentarnos con nuestros vecinos”

Según el abogado y dirigente radical de Gualeguayhcú, Fabián Otarán, “el gobierno kirchnerista fue aislacionista, semejó el peronismo del 45 en lo económico, con cierre de exportaciones y mucha intervención estatal; y en lo político, reivindicó la militancia del 70, con sus clasismo y violencia. El resultado fue gobierno autoritario de pensamiento único y un mercado desquiciado por los subsidios, no a los necesitados, a las empresas”.

 

Por Fabián Otarán

Especial para INFONER

 

Fabián Otarán

 

El 2001 acabó con el prestigio de los partidos políticos y hoy casi no subsisten en la vida cotidiana, se constituyen mayormente a partir de quién maneja el aparato del Estado.

La política se reconstruyó a medias a partir del liderazgo plesbicitario de los Kirchner. Pero no desde lo institucional, desde el funcionamiento interno que corresponde a un partido político de masas, sino desde una militancia mayormente rentada.

Una de las consecuencias del populismo es degradar la política y enfrentarnos con nuestros vecinos, familiares y amigos. Si toda la “razón” la posee un lado y nada el otro; si se tiene que estar con él o contra él, se deteriora la política. La razón no arranca a empujones, precisa del diálogo.

Este es un tiempo propicio para el diálogo, para expresar ideas que puedan ser analizadas. Y propongo que hay una Argentina en deuda con la modernidad, con el valor del sujeto, con el apego a la ley, con la aceptación del capital y el valor del trabajo, con la comunicación, el comercio, la navegación, las relaciones internacionales y el respeto por los derechos humanos.

Es que el gobierno kirchnerista fue aislacionista, semejó el peronismo del 45 en lo económico, con cierre de exportaciones y mucha intervención estatal; y en lo político, reivindicó la militancia del 70, con sus clasismo y violencia. El resultado fue gobierno autoritario de pensamiento único y un mercado desquiciado por los subsidios, no a los necesitados, a las empresas. El Poder Ejecutivo enviaba un proyecto de ley al Congreso y no se le podía cambiar una coma, la mayoría oficialista lo aprobaba; los subsidios se concentraban en Buenos Aires abandonando al Interior, también falta de control, corrupción, tragedias.

Restablecida la credibilidad en los indicadores económicos, el relato terminó con un 32% de pobres, 48% de informalidad laboral, falta y obsolescencia de la infraestructura, deudas de coparticipación con las provincias, juicios perdidos con los jubilados, ambos con sentencias de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y una matriz de corrupción sin precedentes.

A medida que éste relato doméstico se fue haciendo cada vez más sesgado y virulento, el mundo hacía cambios. El irreversible fenómeno de la globalización era un hecho por la revolución de la informática y mejoramiento de los medios de transporte.

Hoy sobre nuevas tecnologías y prácticamente sin control, el capital financiero permea las fronteras estatales trasladando billones de dólares en segundos de un lugar a otro. En algún lugar levantando burbujas económicas, que son pan de un día; en otro, dejando la tierra arrasada al migrar al mínimo dato de sentirse amenazado o conseguir mayores ganancias.

El mundo se integró con cadenas de producción global. Por ejemplo, algunas marcas de autos se fabrican con licencia alemana, 40% en México, 30% en Brasil y 30% en Argentina, para venderse luego en mercados como Bolivia o Canadá. Los celulares lo mismo, fabricados con licencia japonesa en China, Corena, India y Taiwn. Y podríamos agregar la ropa deportiva o derivados de combustibles.

Para tratar de controlar la migración de los capitales financieros internacionales, lograr su blanqueo, la erradicación de paraísos fiscales, convertirlos en capital productivo y mitigar las asimetrías, los Estados conformaron el Grupo de los 20, G20. 19 países más la Unión Europea, más los presidentes de los Bancos Centrales y otros países invitados, que reúnen el 85% del PBI mundial. Ellos ponen en la agenda mundial temas económicos, finanzas, desarrollo, agricultura, alimentación, infraestructura, corrupción, entre otros.

Este año el G20 lo preside la Argentina y se reúne en nuestro país. Será la primera vez que el grupo se reúna en América del Sur. Un éxito sería cumplir con una buena organización y que se traten temas de nuestro interés: integración, desarrollo equitativo, inversiones para la producción, etc.

El cambio de gobierno y la apertura internacional abandonando posiciones confrontativas, mereció el apoyo de líderes mundiales que visitaron nuestro país, como Barack Obama, Francoise Hollande y AngelaMerkel. El Presidente Macri no fue a Angola, pero si a otros 63 países, entre ellos EEUU, China y Rusia. Solicita al mundo confianza desplegando una política sin prejuicios ideológicos y centrada en intereses comerciales de nuestro país.
No es “Teoría del derrame”. Es teoría de la producción, del comercio, de la navegación, de la propiedad e iniciativa privada, de la libre empresa, de la industria y el comercio internacional, que hace 165 años alienta nuestra Constitución Nacional. Iniciativas obviamente que deben articularse con las conquistas del derecho laboral, con un medio ambiente sustentable, con la protección del consumidor y la vigencia plena de los DDHH.

¿Significa esta apertura al mundo, el reconocimiento y la participación de nuestro país en los foros internacionales, una definición política por lo que se llama neoliberalismo? No. Es realismo político, abandono de concepciones ideológicas aislacionistas.

Tampoco sirven los motes de derecha e izquierda, tan trillados y malversados por la retórica, para asignar casilleros con el fin de tachar de conservadores a unos y progresistas a otros, no siendo tales ni unos ni otros. Lo que se trata es de repensar la política nacional a la luz de un nuevo mundo, caracterizado por el fin del sistema bipolar, la globalización, el debilitamiento de los nacionalismos, la fragmentación social, la afirmación de la sociedad de mercado, de la sociedad del conocimiento, la internet y la sustitución robótica de la mano de obra y sus consecuencias sobre el desempleo.

Grande es el desafío que enfrenta la política local. No se trata de pensar todos lo mismo. Al contrario, se trata de valorar la diferencia, expandir la democracia, ampliar la participación y mejorar la representación política, lograr una mejor selección de líderes, que los individuos influyan con la suma de sus votos en las acciones de gobierno, que funcione la república, que haya un orden de mérito para ingresar a la administración pública y nos provea mejores servicios, que los impuestos no resulten distorsivos ni confiscatorios, etc. Ésta es la tesis.

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