OPINIÓN. Una triste noche para Brasil y Latinoamérica

Hoy Latinoamérica es un continente un poco más injusto. A Lula lo condenan sin pruebas por un solo hecho: ir primero en las encuestas.

 

Por Jorge Pedro Busti, exgobernador de Entre Ríos

Como afirmó Miguel Bonasso: “Esta sentencia judicial contra Lula, precedida y aderezada por una amenaza directa de golpe militar, nos retrotrae a 1964, cuando los militares brasileños iniciaron la saga sangrienta de los golpes en América del Sur”.

Lo que viene sucediendo en Brasil llegó a límites intolerables cuando, en vísperas de la votación del Supremo Tribunal Federal, un influyente general retirado se despachó públicamente -y con absoluta naturalidad- diciendo que si no lo metían preso a Lula, las fuerzas armadas deben tomar el poder para “restaurar el orden”. En otras palabras: jefes del Ejército brasileño amenazando sin ningún disimulo a los miembros del Poder Judicial sobre cómo deben votar en un fallo. A esta película ya la vimos en América Latina, y es de terror.

El de Mauricio Macri, a través de la entonces canciller Susana Malcorra, fue el primer gobierno del mundo en reconocer a Michel Temer, el 13 de mayo de 2016, luego del golpe institucional a una presidente electa democráticamente con mandato popular. No sorprende, en cambio, que ahora no haya existido ni siquiera un triste comunicado en el que la Cancillería argentina se expresara categóricamente sobre la que quizás haya sido la más grave amenaza para una democracia de la región en los últimos treinta años.

Bien vale recordar algunos de los hechos que se encadenan como una continuación interminable que denota la exacerbación del fascismo en Brasil desde la destitución a Dilma hasta acá: amenazan de muerte a diputados, matan a balazos a la concejala de izquierda Marielle Franco, balean el ómnibus de la caravana de Lula, manifiestan que puede llegar a no haber elecciones y finalmente generales hablan de golpe militar muy livianos de cuerpo.

Evo Morales también da en la tecla cuando señala: “A la oligarquía no le interesa ni la democracia ni la justicia. La verdadera razón de la condena al hermano Lula, es impedir que vuelva a ser presidente de Brasil. La derecha jamás le perdonará haber sacado de la miseria a 30 millones de pobres”.

Como manifesté en enero, se trata de una élite sin ningún tipo de escrúpulos, heredera de la dictadura, que está dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de impedir que Lula sea candidato. Ante la incapacidad de ganar democráticamente, esta derecha brasileña se vale ahora de meandros judiciales para impedir la vuelta del humilde obrero metalúrgico que visibilizó e incluyó a los históricamente desposeídos. Porque ciertamente la acusación más sólida que pueden realizarle al ex presidente es la de liderar todas las encuestas.

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