Otoño

Llovizna la arboleda
una lluvia amarilla, que el viento sur
arrastra hacia una sepultura
no cavada.
Hay un crujir de muerte,
una danza macabra
que no viste de luto,
mas bien es una áurea
túnica peciolada.
No volverán al hueco:
a la matriz terrena.
Las profanas escobas
han formado un osario,
un montón crepitante
de hojas otoñales
vencidas por el tiempo.
Arderán en el túmulo
sin exequias honrosas.
Ahora son basura…
Entonces
Déjenme que las pise,
Que ría a carcajadas
moliendo en pedacitos
cuerpos deshidratados..
Ellas reirán conmigo
cuando de una patada
las devuelva a la altura,
les regale la danza
y sueñen que es posible
hacer sombre en verano.

 

Por Marta Ledri

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