Otra manera de parar

Por Sabina Melchiori –  Estela es maestra desde 1997. «Estudié de grande», dijo. No sabemos su edad ni las razones por las cuales «de grande» quiso ser docente, pero sí sabemos -al menos algo- de su entrega y compromiso con los alumnos.

Era martes por la mañana, segundo día de clases del ciclo lectivo 2017. En la escuela Nº 2 Domingo Mathew, de Gualeguaychú, el silencio llenaba las aulas vacías. Patricia, la directora, se había adherido al paro y por eso había ido vestida de civil. Estaba allí sólo para cumplir con los turnos que establecieron a fin de recibir a los padres que pudieran llegar para hacer consultas.

En una de las primeras aulas de la galería de la derecha, Estela, que ya había terminando de barrer, dejó el montoncito de tierra al costado de la puerta para mostrarnos su trabajo terminado. Las herramientas sobre la mesa probaban que esa mujer había pasado ahí adentro gran parte de la mañana. Pintó el pizarrón, pero antes le pasó enduído en las rajaduras. Intentó clavar un panel en la pared, pero como se le descascaraba (si, la pared) optó por adherirlo con mucha cinta y tapar con papel las imperfecciones. También adornó el aula con dibujos nuevos, procurando que quedaran estéticamente impecables. Acomodó las mesas y las sillas. Lo único que le quedaba pendiente (además de juntar el montoncito de tierra) era colocar las cortinas que ella misma se había encargado de comprar.

Estela para. Había parado el lunes y estaba convencida de seguir adhiriendo a la medida propuesta por Agmer el resto de la semana, pero en ella (y en dos jóvenes maestras que estaban haciendo lo mismo en el aula de al lado) esa decisión no implica dejar de ir a la escuela. «Hay mucho por hacer acá», decía mientras señalaba el lugar, «yo quiero que los chicos vuelvan y encuentren todo lindo».

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