PEDAL Y FE. La experiencia de peregrinar en bici

Desde hace nueve años, cada 8 de diciembre, un grupo de peregrinos parte en bicicleta desde Gualeguaychú hacia Concepción del Uruguay para asistir a la celebración de la fiesta de la Inmaculada Concepción de María. Salen de madrugada a ritmo lento pero constante. Cargan frutas, cereales y agua. Con el acompañamiento de la Virgen, al cabo de seis horas, llegan a destino.

 

 

 

Por Sabina Melchiori

 

“Peregrinar es para los cristianos un signo muy antiguo y expresa la vida misma. A veces se peregrina por cumplir una promesa, pidiendo por una carencia o en acción de gracias, y lo que mueve al peregrino es la fe”, explicó a Infoner el mentor de esta peregrinación, el sacerdote Carlos Stadler. En referencia puntual a la peregrinación propia de Pedal y Fe, dijo que “mezcla el gusto del deporte y el compartir el rodar con el rezar de una manera diversa”.

Asegura que en cada peregrinación del 8 de diciembre los peregrinos se acompañan mutuamente, de alientan, se animan, se cuentan historias de vida y “hacerlo el día de la Inmaculada Concepción de María, tiene el plus de sentirse acompañado por la Madre, manifestando ese amor popular a la Virgen y agrega -a la ya gran fiesta uruguayense-, una demostración más del sentido de fiesta de una Iglesia que se alegra con los signos de salvación”.

 

 

Después de una oración inicial en el punto de partida que es la parroquia Nuestra Señora de Fátima, en Alem y 3 de Caballería, suben a la bici y emprenden la travesía. Toman por costanera, cruzan el río Gualeguaychú por el puente Méndaz Casariego, toman la ruta 42 de Pueblo General Belgrano hasta la ruta internacional 136, y a partir de ahí continúan por el viejo camino de ripio hasta Concepción del Uruguay.

 

“Dios nos quiere como pueblo, el pedalear juntos nos dice esta gran verdad y necesidad humana: cuando el hombre se solidariza en el bien y vence el egoísmo y el individualismo, llega a lo más alto de su ser… sólo Dios es bueno y fuente de todo bien, y cuando hacemos las cosas en su nombre y bajo su protección el mal retrocede”.

 

Año tras año, Carlos Stadler observa que “en el peregrinar ves como los que compiten en carreras, o los que entrenan para alcanzar mayor velocidad esperan al que anda más lento y lo alientan, y el que va aflojando recibe una sonrisa o una palabra que lo estimula para seguir”.

 

 

“Alguna vez dije «Hay veces que tenemos que ver más el camino recorrido que el final, sólo así dimensionamos el valor de lo acontecido» La experiencia además tiene algo de lúdico que nos devuelve a la inocencia, al disfrute de lo simple, a poner cara de felicidad ante la adversidad”.

 

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