Por la boca muere el pez

Los actos comiciales en ciernes tienen como característica, más que nunca, la confusión y la pérdida de memoria de ciertos contrincantes. Hoy todo lo malo que Mauricio Macri se privó de revelar como herencia de la gestión kirchnerista, pareciera obrar a favor de un retorno que aviesamente se maquilla como única opción. Si ese propósito cobijado bajo el nombre de Frente de Todos, llegase a tropezar en el camino con recordatorios que no admiten cuestionamientos por su contundente veracidad, las estimaciones sobre resultados caerían en fuertes dudas. Una mirada amplia sobre la era K serviría para que el electorado tenga frente a sí elementos que coadyuven a elaborar sus preferencias. Existen datos que quedan fuera de toda rotulación de materia opinable, porque de hecho las cifras fehacientes son irrebatibles. Ciertas expresiones del candidato cristinista permiten reflexiones provechosas. Aferrarse a números concretos implica probarlos. Quien mienta se hará cargo.

Luis María Serroels
Especial para INFONER

Por estos días las redes sociales divulgaron datos completos sobre el balance que dejaron los 12 años de gobierno del Frente para la Victoria. Algunas referencias favorecen a Néstor Kirchner en su primer período, no así a su esposa (sucesora desde 2007 hasta 2015) donde los grandes temas de la acción gubernativa de un país revelan datos que lejos están de favorecerla (serían los que el macrismo se privó de mencionar hasta ahora). De todos modos, la mácula desdorosa que terminó marcando al matrimonio fue la corrupción y el enriquecimiento ilícito en banda. No pocos recuerdan y el actual candidato presidencial Alberto Fernández lo acaba de reconocer, que CFK dejó tras su gestión tres graves problemas: cepo, inflación y déficit fiscal. Más adelante proporcionaremos cifras.

El Estado fue saqueado y el volumen de las cifras que se manejan confirman que se reemplazó el verbo servir por el verbo servirse.

Cuando Alberto Fernández dice sin sonrojarse que “no hay que mirar hacia atrás”, está apostando al milagro de una amnesia colectiva, porque un análisis de la performance cristinista da cuenta de innumerables tropiezos y fuertes errores de apreciación de lo que supone gobernar un país. Al menos hacerlo sin caer en el imperio del cohecho. Cuando tras el fenomenal apagón del pasado 9 de junio, tanto Alberto Fernández como el políticamente resignado Sergio Massa, aprovecharon para echarle la culpa al gobierno de Cambiemos en busca de captar adhesiones e incurriendo en un opaco oportunismo. Así cometieron el pecado del apresuramiento que siempre desemboca en el embudo de la desvergüenza.

La realidad los sepultó y si se evocaran las inundaciones de La Plata que dejaran muertos, heridos y desposeídos de sus hogares por carencia de obras hidráulicas, habría que medir cada dicho. Allí gobernaba Daniel Scioli.

Pero volviendo a la campaña de la coalición Frente de Todos, el cambiante tenor de las declaraciones del cabeza de fórmula muestra signos de inseguridad no exentos de amnesia. Cuando filosofa que “una sociedad que olvida a sus viejos es una sociedad miserable”, incurre en una vulgar mixtura de blooper y malicia, porque si alguien se burló de los abuelos durante su mandato fue Cristina Fernández el día que vetó la ley del 82 % móvil para jubilados y pensionados aduciendo que ello le haría un gran perjuicio al Estado (eran épocas en que cada fallo judicial favorable a los olvidados viejos era apelado de inmediato, especulando con que muchos morirían antes de disponer de fondos genuinamente propios, lo que en buen romance significaba intercambiar óbito por ahorro de recursos).

Continúa diciendo el reconciliado Fernández, que “no es posible que no les podamos garantizar dignidad a los que toda la vida trabajaron” (ni más ni menos que lo que Cristina hizo). Esto se llamaría Fernández versus Fernández, pero Sergio Massa en aquella ocasión terminó aplaudiendo el cuestionado veto. Y como remate, el hoy postulado para la Casa Rosada prometió que de ganar el FPT, “recuperaremos para los jubilados la pérdida real que han sufrido, recomponiendo el ingreso”. Como aditamento a su generosidad anunció que CFK pedirá al Congreso una ley que diga que los jubilados no pagarán sus medicamentos porque el Estado los subsidiará.

Sería útil remitirse a los números que resultan del balance de 12 años de continuidad K. Ello conduce a reflexionar que para la crítica se requieren dos condiciones ineludibles: motivos y autoridad moral. Resulta imposible sintetizar un informe sobre la herencia que dejó el cristinismo en diciembre de 2015. Valga señalar que una mera síntesis ocupa cuatro carillas en cuerpo 12 para entender la dimensión. El trabajo pertenece a Juan Gasalla y advierte que luego de 8 años de gestión, Cristina Fernández entregó las riendas del poder con mayoría de indicadores económicos en retroceso. Y agrega que la salud de la economía mostraba un notable deterioro en la comparación con la administración de Néstor Kirchner.

Los lectores no tienen porqué devanarse los sesos buceando en los vaivenes de los análisis económico-financieros. Pero a grandes rasgos, el trabajo de Gasalla deja interesantes datos. Respecto del siempre temible déficit fiscal, menciona que CFK durante cada uno de sus últimos cuatro años (segundo mandato) dejó un déficit primario. La primera mandataria produjo que se esfumen casi un 40 % de las reservas del BCRA (una fuente lo atribuyó a transferencias al Tesoro para sostener el subsidio al transporte, combustibles y planes sociales). Pero también de la Anses partieron altas partidas maquilladas como préstamos al estilo de “paga Dios”, como se hizo con la mal conducida y deficitaria Aerolíneas Argentinas, un verdadero agujero sin fondo. También hubo más inflación real (muy por encima de la que mandaba dibujar Guillermo Moreno bajo pena de aplicar sanciones a los técnicos del Indec. La inflación “oficial” acumulada en la era Cristina alcanzó el 140 %, pero la real registrada por un sitio especializado superó el 490 por ciento. La economía se estancó a pesar de un guarismo de crecimiento falsificado que –según los especialistas de Arklems- desde 2007 acumulaba “fallas, improvización y oscurantismo”. Tampoco fue satisfactoria la evolución del PBI per cápita.

También el informe registra una caída de la actividad industrial y exportadora, mayor endeudamiento, aumento de la pobreza cuyos índices también dibujados fueron desmentidos por entidades especializadas, pero además la desocupación se ocultaba mediante planes sociales sostenidos por el Estado. Esto pudo considerarse un auxilio transitorio entendido como un salvavidas, pero la generación de empleo en blanco lejos estuvo de lograrse.

El empleo no registrado siempre ha sido un dolor de cabeza para todo plan de gobierno. Días pasados el candidato K Alberto Fernández disparó críticas contra el actual gobierno referidas al cepo cambiario y la demanda de dólares que dejaron al país con “la soga al cuello” y “endeudado en al 95 del PBI”. Además se remitió a índices inflacionarios dejados por CFK que respondían a las picardías de Moreno y que fue intervenido precisamente por quien postula el Frente de Todos, siendo Jefe de Gabinete. El ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le recordó que se apelaba a las rentas de la Anses y se sacaban fondos del Banco Central a tasa 0 %. Se supone que esto es comprobable para no confundir ni engañar al ciudadano. Pero el funcionario macrista también le proporcionó datos fidedignos que están a disposición sobre el PBI. Otra referencia ministerial fue que “el kirchnerismo nunca se desendeudó; se cansaron de pedirle dólares a Venezuela, saquearon el Banco Central y dejaron 40 mil millones de dólares de deudas pendientes”.

No todo puede ser materia opinable, porque las cifras registradas resultan contundentes más allá de la inclinación política de cada uno.

En las postrimerías de su segundo mandato, Cristina Fernández hizo declaraciones picantes que Alberto Fernández le retrucó en diciembre de 2015 durante una entrevista televisiva: “Creo que Cristina tiene una enorme distorsión sobre la realidad, francamente lo digo. Si revisa las cosas que dijo debería rectificarse un montón de cosas. Llegó a decir que Alemania estaba peor que nosotros en materia de pobreza. Sostuvo hasta el final que el cepo no existía y que la inflación no es importante. Eso es negativo, es una negación terca, por momentos absurda. Estas cosas son las que deterioraron su base electoral”.

Incluso meses antes había criticado duramente a su hoy jefa política enrostrándole haber mentido respecto del Memorando firmado con Irán y referido al atroz atentado contra la sede de la AMIA hace ya 25 años. Días pasados la ex presidenta, aludiendo al incremento de segundas marcas, dijo que “No nos merecemos tomar leche que no es leche”.

Se ignoran sus conocimientos sobre bromatología pero debe recordarse que durante su gestión debieron cerrarse 5.000 tambos porque los costos superaban fuertemente al precio de venta.

Esto explica palmariamente porqué Alberto Fernández aboga tanto para que la ciudadanía no mire hacia atrás. Como dijera Joan Manuel Serrat: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

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