Por paliza

Tras la realización de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, el presidente Mauricio Macri no tuvo más remedio que irse a dormir temprano, luego de que el escrutinio provisorio diera una ventaja de quince puntos para Alberto Fernández, candidato ungido por la ex presidenta y actual candidata a la vicepresidencia por el Frente de Todos, Cristina Fernández de Kirchner, con un 47.65% sobre 32.08%, después de que las encuestas pronosticaran un escenario muchísimo más estrecho.

Por Felipe Galli, estudiante de Ciencia Política


Es que, de repetirse el resultado exacto en octubre, Fernández ganaría la presidencia en primera vuelta sin necesidad de ballotage, al punto de que ni siquiera absorbiendo el total de los votos del tercer candidato más votado, el ex Ministro de Economía Roberto Lavagna (8.22%), Macri podría contrapesar al candidato peronista o al menos evitar que triunfase sin segunda vuelta. El retorno del Partido Justicialista al poder parece irreversible.

Fernández se impuso a Macri en casi la totalidad de las provincias, con la excepción de Córdoba y Capital Federal, los dos distritos en los que Macri ganó por mayor margen tanto en la primera como en la segunda vuelta de 2015.

Los escenarios gubernativos de Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, los dos distritos de mayor peso donde se renueva el poder ejecutivo local, mostraron escenarios marcados por la polarización, pero con un claro ganador en ambos casos.

La abrumadora derrota de la gobernadora María Eugenia Vidal ante el ultrakirchnerista Axel Kicillof es, por lejos, una de las mayores sorpresas de la jornada, con un porcentaje para el economista incluso mayor al de su candidato presidencial. Todos los que auguraban una contienda muy estrecha y favorable a Vidal, así como el amplio sector del peronismo que veía la candidatura de Kicillof como un error que podía costarles el triunfo, seguramente tuvieron también que irse a dormir temprano. Y es que casi todas las encuestas de hasta hace poco menos de un mes veían a Vidal muy por encima de Kicillof, con una imagen pública mucho más favorable que la de Macri.

Sin embargo, la realidad final es sencillamente otra: Kicillof obtuvo el 49.34% de los votos contra el 32.56% de Vidal, sin que ninguna de las demás fuerzas supere el 6%.

Entretanto, en la ciudad de Buenos Aires, se realizó la primera elección municipal que colinda con la elección nacional, luego de que el gobierno obtuviese una reforma que le permite unificar ambos comicios. El jefe de gobierno macrista Horacio Rodríguez Larreta se encamina a obtener una amplia reelección, con el 46.68% de los votos, aunque de repetirse este resultado en octubre, no podría evitar un ballotage contra su contrincante, Matías Lammens, del Frente de Todos, a quien aventaja por quince puntos.

Al igual que Kicillof pero en distinto sentido, Lammens había enfrentado también críticas externas e internas por su origen empresarial, así como su nula experiencia política hasta el momento. Sin embargo, el actual presidente del Club Atlético San Lorenzo tuvo un desempeño electoral sorprendentemente bueno para un candidato del justicialismo en el baluarte tradicional del antiperonismo, más aún siendo la primera campaña política que afronta. Apoyado no solo por el kirchnerismo duro y el PJ, sino también por casi la totalidad de la centroizquierda porteña (Pino Solanas, Victoria Donda, etc.), Lammens se alzó con un 31.93% de las preferencias, imponiéndose en dos comunas del sur de la ciudad. Desde la llegada al poder de Macri, en 2007, el PRO había ganado generalmente en todas las comunas, siempre y cuando la elección fuera entre más de dos candidatos (lo que deja afuera el muy cerrado ballotage entre Larreta y el radical Martín Lousteau, hoy candidato a senador por el oficialismo), y un candidato apoyado por el PJ nunca había obtenido más votos que el PRO en ninguna comuna.

Macri junto a Pichetto, Vidal y Larreta



Volviendo a la elección nacional, mientras que, en un sentido técnico, Macri ha obtenido dos puntos más que en las PASO que disputó contra Daniel Scioli en 2015 (en las que obtuvo un 30.12%), esto no deja de ser más que una cuestión, se dice nuevamente, teórica, ya que en ese momento existía una tercera fuerza coherente, encarnada en Sergio Massa (20.57%), y su diferencia con Scioli daba un escenario de ballotage casi asegurado (38.67%, poco más de ocho puntos por arriba).

Sin un tercero en discordia y en un escenario de total polarización, no haber superado el tercio de los votos es lisa y llanamente una irremontable derrota. Aunque las primarias son solo la puerta de entrada a octubre, es casi una fantasía que Macri logre voltear el número de su contrincante.

Los tres distritos radicales, con sorpresivas derrotas para el macrismo
Una sorpresa de la jornada ha sido que Macri ni siquiera pudo ganar en las tres provincias que gobierna la Unión Cívica Radical, a pesar de que dicho partido forma parte de su coalición y ha ganado los comicios que se han llevado a cabo todo el año en dichos distritos, tanto legislativos como gubernativos (aún faltando una elección gubernativa).

Mendoza, donde Fernández venció a Macri por escaso margen y arrastró a una estrecha derrota al gobernador radical Alfredo Cornejo, que encabeza la lista para diputados nacionales, es un caso especial.

En dicho distrito, existe una marcada y destacable diferenciación entre “macrismo y radicalismo” y entre “peronismo y kirchnerismo”, diferenciación que se suele desdibujar mucho más en el resto del país. No en balde, mientras que Macri cuenta entre los mendocinos con una imagen negativa que supera fácilmente los siete dígitos, el gobernador saliente Cornejo y su candidato para sucederlo, Rodolfo Suárez, ambos radicales, se ven favorecidos por una muy elevada aprobación pública. Suárez derrotó por más del doble de votos a su oponente macrista, Omar De Marchi, en las PASO gubernativas de junio, y superó por más de quince puntos al total de candidatos por sí solo.

Este contraste fue uno de los factores que impulsaron a Cornejo a desdoblar la elección provincial de la nacional. Sin embargo, aceptó organizarlas de modo que las PASO gubernativas fueran antes que las nacionales, y que las generales fueran entre las primarias nacionales y las elecciones generales, en septiembre. Al mismo tiempo, se presentó como precandidato a diputado nacional, casi a modo de “guiño” a favor del presidente, esperando que sus votos lo beneficiaran.

De este modo, el debate giró en torno a quien se vería afectado por el contraste anteriormente mencionado. Mientras que algunos auguraban que el voto favorable a Cornejo inclinaría la balanza a favor de Macri, otros consideraban que el rechazo al presidente era demasiado elevado y que, por el contrario, un mal resultado en Mendoza sería un bache en el camino para Suárez. Finalmente, luego de que durante gran parte del escrutinio Macri superara a Fernández levemente, finalmente la tendencia se invirtió, aunque el triunfo del ex Jefe de Gabinete fue uno de los más ajustados, por solo tres puntos y medio.

Si bien se considera un revés, lo cierto es que Suárez aún sigue muy por encima en las encuestas ante su oponente, la senadora nacional ultrakirchnerista Anabel Fernández Sagasti. Luego de derrotar por la mínima al peronista Alejandro Bermejo, en la interna de junio, la joven referente de La Cámpora, de solo treinta y cinco años, enfrenta problemas para aglutinar el voto del PJ en torno a su figura, algo común entre los candidatos kirchneristas que disputaron primarias, teniendo una intención de voto ligeramente inferior al casi 38% que obtuvo su sumatoria con Bermejo en junio. El apoyo de Cristina Fernández de Kirchner, con quien actualmente comparte bloque en el Senado y que visitó Mendoza durante la campaña representando una relación política de “madre e hija” con Sagasti, si bien logró apuntalarla un poco, es poco probable que le permita vencer a Suárez.

Esto para nada signifca que la UCR mendocina no vaya a tomar en serio el triunfo de Fernández. No sería raro, por lo tanto, que a partir de ahora Suárez se desligue del gobierno y trate de mantener la elección estrictamente provincializada. Ante la casi inevitabilidad de una derrota de Macri, el radicalismo, que Cornejo preside a nivel nacional, deberá comenzar a plantearse su futuro después del ciclo de Cambiemos, y es una parte crucial de este escenario retener Mendoza, el distrito de más peso que gobierna.

En Jujuy, donde Gerardo Morales obtuvo su reelección por más de diez puntos, también en junio, Macri ha sido derrotado por, exactamente, diecisiete (29.09% contra 46.09%). Mientras que puede considerarse muy raro, en realidad se debe tener en cuenta que los votos que llevaron a Morales a la gobernación se debieron más a su pacto con Sergio Massa en 2015, siendo esta la única provincia donde el actual candidato a diputado nacional se impuso en las anteriores presidenciales. En dicha primera vuelta, al mismo tiempo que Morales arrasaba al obtener la gobernación, Macri había quedado tercero cómodo con poco más del 17% de los votos.

Con su boleta pegada a todos los candidatos presidenciales menos a Scioli y Del Caño, el dirigente radical ganó la gobernación por primera vez con casi el 60% del sufragio, pero la victoria de Macri en el ballotage fue bastante más ajustada, con el 52.89%. Dicho en pocas palabras, los votos provinciales son radicales y massistas, por lo que el voto de Macri es, en realidad, bastante exiguo, y el pacto de Massa con Fernández ha permitido la victoria del Frente de Todos.

Corrientes hace honor a su nombre, y lo que corre en dicha provincia es un río de llanto para el oficialismo. Siendo un férreo bastión radical desde hace dos décadas, y habiendo sobrepasado al peronismo desde su fundación en 1946, perdiendo elecciones incluso con Perón mismo en la boleta.

Macri ha sido derrotado por casi veinte puntos contra Fernández, que logró un cómodo 53.00% contra el 33.14% del presidente incumbente (o saliente, como se prefiera decirle).

Hace unos meses, Corrientes fue el primer respiro oficialista al otorgar a la lista del goberandor Gustavo Valdéz para diputados provinciales más del 60% de las preferencias contra un peronismo dividido.

Sin embargo, los antecedentes históricos tampoco favorecían al gobierno nacional. A nivel presidencial y legislativo, el peronismo sí ha ganado varias elecciones en Corrientes, si bien el aparato provincial se le ha escapado siempre. El propio Scioli ganó allí, tanto en la primera vuelta como en el ballotage.

Morales ya ganó la reelección y, debido al desfase de los cargos correntinos provocado por la intervención federal de 1991, Valdéz no deberá enfrentarse con las urnas hasta 2021. Del mismo modo, ninguna de las dos provincias renovaba senadores nacionales, que suele ser un cargo de importancia para las gobernaciones. Por lo tanto, ninguno de los dos mandatarios se ha mostrado demasiado afectado por lo sucedido. Solo Cornejo, que se juega la victoria de su candidato, ha emitido un mensaje reconociendo la victoria de Fernández en su provincia.

Lavagna: la tercera opción que no fue y su futuro político

Hace unos pocos meses, se consideraba la idea de que Roberto Lavagna formase un “frente anti grieta” que superara las espectativas y derrotara a quien pasara a ballotage contra él (algo pronosticado en todas las encuestas, tanto para Macri como para Cristina). Casi todo el peronismo no kirchnerista, encarnado en las figuras de los gobernadores salteño y cordobés, Juan Manuel Urtubey y Juan Schiaretti, y agrupado en la Alternativa Federal, contaba con que esto ocurriera. Lo mismo ocurría con el Frente Progresista, liderado por el mandatario socialista santafesino Miguel Liftchiz y su predecesor Antonio Bonfatti.

Sin embargo, pronto empezaron a surgir problemas: la proclamación de Alberto Fernández como candidato del kirchnerismo con Fernández de Kirchner como vice; la derrota de Bonfatti ante el peronista Perotti; la decisión repentina de Schiaretti de, muy lentamente, apartarse de la cuestión nacional para centrarse en Córdoba luego de su arrollador triunfo ante el radicalismo; el pase de Miguel Ángel Pichetto a la fórmula macrista; y, finalmente, el nulo peso del economista en el crucial distrito bonaerense, que se terminó de anular sobre todo luego de que Sergio Massa pactara con el Frente de Todos. Todos estos factores llevaron a que prácticamente el total de los gobernadores peronistas abandonara su intentona “tercerista”.

Con esta situación, Lavagna se ha quedado con solo un 8.22%, muy por debajo de la polarización nacional, y no ha dado muestras de querer pretender que esto pueda corregirse en octubre.

Sin embargo, ha anunciado su intención de que Consenso Federal se mantenga como una “tercera fuerza”, y se han dado dos importantes guiños de su posible cooperación posterior con un gobierno del Frente de Todos. Lavagna se comunicó con Fernández para felicitarlo por el resultado y, al día siguiente, Fernández elogió su figura como alguien que “se le da un problema y da tres soluciones” y afirmó que “cualquier presidente querría tenerlo como Ministro de Economía”. Sin embargo, es aún muy pronto (sobre todo teniendo en cuenta que aún se trata de dos candidatos que compiten por el mismo puesto) para hablar de un posible retorno de Lavagna como el “salvador post-crisis”, como se le suele recordar debido a su gestión entre 2002 y 2005.

De darse el escenario anteriormente dicho, el resultado no podría ser más irónico: Macri, con casi un tercio, queda políticamente sepultado, mientras que Lavagna, con menos de un cuarto, se mantiene como una figura destacable.

Lavagna y Urtubey

Los cinco candidatos derechistas

Durante estas elecciones, Macri tuvo que sufrir el bache de que hasta cinco precandidatos le disputaron, con diversos grados de éxito y discursos variados, el voto derechista: el libertario José Luis Espert, el conservador social Juan José Gómez Centurión, el neofascista Alejandro Biondini, el vecinalista Raúl Albarracín, y el autonomista y ex gobernador correntino José Antonio Romero Feris. Solo el primero y el segundo pasaron las PASO.

El más destacado de estos es la figura de José Luis Espert, que tuvo especial apoyo entre cierto sector minoritario pero creciente de la juventud. Macri, que ganó la primera elección presidencial en la que votaron ciudadanos de entre 16 y 18 años, depende mucho de este voto, pues es, junto con los adultos mayores, de los sectores que más tienden a digerir discursos rupturistas con “un pasado nefasto”, que son básicamente el pilar fundamental de la campaña del macrismo.

Una parte del sector liberal conservador de la sociedad, irritado por la supuesta actitud “tibia” de Macri a la hora de reducir el gasto público, se volcó a apoyar al polémico economista, Espert, que fundó el Partido Libertario y, posteriormente el Frente Despertar para respaldar su candidatura.

El hecho de que el gobierno nacional le diera al candidato libertario un cierto grado de importancia como para que este denunciara intentos de boicot a su candidatura (la fuga de su vice, la anulación controvertida de su lista de candidatos en la provincia de Buenos Aires, etc.) no hizo más que repuntar su figura.

Sin embargo, de modo sorpresivo, Espert solo superó las PASO por la mínima, muy por debajo de los cinco puntos de piso que se la auguraban, y de hecho quedó atrás de Gómez Centurión, que fue una de las grandes sorpresas de la jornada, pues muchos sondeos pronosticaban que no pasaría del punto porcentual. Romero Feris, que había refundado el antiquísimo Partido Autonomista Nacional, disuelto en 1916, hace ciento tres años, quedó en último lugar y ni siquiera en Corrientes, donde hubiera derrotado al bipartidismo en 1983 y lograra un triunfo aún mayor para su candidato a sucesor en 1987, pudo superar el punto porcentual.

Manuela Castañeira

La “interna” de la izquierda: Del Caño le ganó a Castañeira

La nueva coalición entre el Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad con su antes rival Movimiento Socialista de los Trabajadores, ambos representantes del movimiento trotskista electoralista, no representó un aumento muy significativo para el voto a su candidato, nuevamente Nicolás del Caño. A esto se le sumó el fracaso de lograr que el Nuevo MAS, de Manuela Castañeira, y Autodeterminación y Libertad, de Luis Zamora, se incorporaran al frente.

Sin embargo, la disputa entre Castañeira y Del Caño ha constituído una suerte de interna de facto, en la que Del Caño ha ganado al obtener el 2.86% y pasar las PASO, reteniendo para su formación el tercer lugar nacional que obtuvo en 2015, cuando disputó una primaria contra Jorge Altamira (quien actualmente chocó con un enfrentamiento dentro de su propio partido, del que fuera prácticamente su gran líder y referente durante décadas), pero con un peso ligeramente inferior a cuando superó el 3% en las generales, y muy inferior a cuando el FIT superó, sin el MST, el millón de votos en 2017.

Castañeira, que centró su campaña casi exclusivamente en el hecho de que es mujer (la única precandidata presidencial, para ser exactos), y en apoyar el aborto legal, (que será seguramente un tema central el año que viene, con un nuevo Congreso), obtuvo solo el 0.71%, quedando fuera de las presidenciales, si bien mejoró la performance de su partido con respecto a las PASO de 2015, en las que obtuvo solo el 0.40%.

El gobernador Bordet votando en Concordia

La elección en nuestra provincia


A pesar de los abrumadores triunfos tanto del gobernador Bordet como de sus candidatos municipales en junio, Entre Ríos resultó ser una decepción relativa para muchos peronistas, con una diferencia inferior a los diez puntos en la que Fernández apenas superó el 45% de los votos.

Sorprende la ajustada diferencia en Gualeguaychú, de apenas 1.100 sufragios (poco más de un punto porcentual), cuando hace tan solo dos meses un candidato directamente kirchnerista y apoyado por el peronismo, Martín Piaggio, resultó reelecto con algo más del 65% de los votos.


Escenario similar se dio en Paraná, donde la diferencia fue de solo cuatro puntos (menos de nueve mil votos), mientras que Adán Bahl venció al intendente saliente, Sergio Varisco, por más de 15.000 sufragios (aproximadamente diez puntos). Pese a lo anterior, a diferencia del anterior ejemplo, el carácter “menos peronista” de dicho municipio con respecto a los demás departamentos entrerrianos hace fácilmente comprensible este resultado. Una comparación de este resultado con el de los demás departamentos de la provincia permite constatar que fueron probablemente esos dos “declives” peronistas los que provocaron la reducción del voto del candidato Fernández con respecto al de Bordet, pues en el resto de los distritos entrerrianos de importancia los guarismos fueron similares a los de las generales de junio, y Macri fue derrotado incluso en los dos departamentos donde su candidato, Atilio Benedetti, había ganado en la elección gubernativa, Federación y Gualeguay.

Juntos por el Cambio y Consenso Federal fueron las únicas dos listas en tener una interna para los cargos de diputados y senadores. El polémico Alfredo De Angeli, que se presentó para la reelección en su banca, ejerce como senador desde 2013 y fue uno de los más destacados referentes de la conversión del PRO de un partido provincial porteño a una fuerza de alcance nacional. Compitió bajo la sigla Juntos Somos el Cambio contra el radical Raymundo Kisser (Futuro Entrerriano), senador departamental por Paraná, y el macrista disidente Pichi Blazquez (Defensores del Cambio), con la clara ventaja para De Angeli de ser el único precandidato al que se le permitió pegar su boleta con la de Macri. Las quejas de ambos competidores no sirvieron de nada, y De Angeli obtuvo más del 90% de los votos macristas, prácticamente asegurándose su permanencia en la cámara alta por otros seis años más, y manteniendo intacta la representación de su lista de diputados.

Consenso Federal, cuya estructura política en la provincia depende casi en su totalidad de la del Partido Socialista local, tuvo una interna entre dos listas, una encabezada por Lisandro Gamarra (A), y la otra por Ismael Etcheverry (B). A pesar de que fue, por lejos, la más competitiva de las internas, la Lista A hizo honor a su original numeración y logró el 60.38% de los votos al total de Consenso Federal.

El dólar y los sucesos posteriores


La victoria abrumadora de Fernández, inesperada, hizo saltar por las nubes la relación del dólar con el peso argentino, que creció a 62 y finalmente cerró en 53. Numerosos partidarios del macrismo, así como el propio presidente, han realizado insinuaciones posteriores en las que remarcan que se trata de un “castigo” del exterior y de los mercados por la victoria de Fernández.

Lejos de iniciar acciones para combatir lo ocurrido, o al menos de explicar la situación de manera coherente, el presidente ofreció una conferencia en la que declaró que “el exterior ya no confía en el kirchnerismo” y que “este tiene que hacer una autocrítica”. Las críticas a esto no se han hecho esperar pero, de todas formas, Fernández ha declarado que será el principal defensor de que Macri termine su mandato en tiempo y forma, el 10 de diciembre, lo que lo convertirá en el primer presidente no peronista en lograrlo desde Marcelo T. de Alvear, en 1928 (si descontamos a Agustín P. Justo, elegido fraudulentamente, entre 1932 y 1938). Lavagna ha afirmado lo mismo y ha declarado tener intención de “aportar lo que pueda a la gobernabilidad”.

En definitiva, no queda otra que aguantar hasta el 27 de octubre para ver sí, efectivamente, los dichos del mandatario han tenido algún tipo de repercución que le favorezca.

Reflexión personal

Hace mucho que hago reflexiones personales a la hora de redactar un análisis, pero debido a la magnitud de lo ocurrido el pasado domingo y a mi implicancia en el asunto como ciudadano y votante que soy, me permitiré hacerlo. Si quien lo lee no está de acuerdo, se puede quedar con el resto del artículo, aunque siempre me inclinaré por el intercambio de opiniones.

Lo sucedido durante las primarias no hace más que reflejar una realidad que ya se había plasmado en varios resultados provinciales, si bien, como yo mismo dije, de nada sirve centrarse en ellos para pronosticar un resultado nacional (basta con comparar las amplias victorias de Morales o de Suárez con los pobres resultados de Macri, o la amplia derrota de Fernández en Córdoba luego de que Schiaretti, que no le dio apoyo total, resultara reelecto por un margen aún mayor que el del presidente).

Pese a que para muchos puede resultar muy sorpresivo que Fernández haya ganado por tanto, en realidad es muy fácil de comprender y, si bien tengo opiniones encontradas, yo lo entiendo con claridad.


No creo delirar o incurrir en una falta de objetividad al afirmar que la Argentina se encuentra en medio de una crisis atroz, y tampoco creo hacerlo al juzgar que el gobierno de Macri es el principal factor detonante.

La inflación es actualmente incontrolable, y esto solo lo digo por apelar a lo mejor del gobierno y no afirmar que simplemente el oficialismo derrotado ha decidido de manera deliberada no intervenir en el incidente del día después para castigar a su pueblo. La indigencia, particularmente en los distritos grandes como la Capital Federal, ha tenido una escalada que llega a puntos intolerables. Siendo un país con proporciones similares a las de la India, y con recursos potenciales para alimentar con facilidad a cientos de millones de personas, el estado ha fracasado en darle un techo, trabajo y comida, a una población pequeña y de escasa densidad.

Mauricio Macri llegó al poder bajo una premisa con la que muchos partidarios se llenan la boca: “Al país se lo saca adelante trabajando”. Sin embargo, esta etapa empezó con despidos masivos (jamás olvidaré que estos fueron combustible para mi primera novela, “Oferta de Trabajo”, en 2016) y finalizará con un nivel de desocupación con poco o ningún precedente. A los hechos me remito al afirmarlo.

Por último, y esta será quizás la señalación más pasional de la reflexión, me disculpo por ella si debo hacerlo, Macri se ha limitado a reconocer que perdió porque es un hecho, pero no ha “admitido” el resultado, ni mucho menos ha tenido autocrítica alguna. Se ha portado más bien como un niño malcriado que cree merecer un triunfo que ha demostrado con hechos no merecer (dejo a criterio personal de quien lo lea, y mío propio, discutir si Fernández merece o no el triunfo que obtuvo). Ha afirmado públicamente que el mercado va a tomar represalias contra nosotros, el pueblo que lo puso en su cargo, por no darle la victoria, casi como si nos amenazara de cara octubre. El único precedente de algo semejante desde la recuperación de la democracia fue el “soy yo o el caos” utilizado por cierto presidente en la década de 1990. Después de treinta y seis años en los que la Argentina ha elegido libremente a sus líderes, me resulta personalmente un desplante al pueblo que alguien pretenda ganar una elección con amenazas.

Efectivamente, nuestro país estará siendo castigado, y muy duramente, si dejamos que nos gobiernen aquellos que ponen nuestra democracia a merced del mercado, y condicionan el voto del pueblo a los movimientos económicos externos. Más castigo estaremos recibiendo si, de modo irónico y casi tragicómico, son quienes defienden esta situación y la manifiestan sin vergüenza, los mismos que se jactan de ser, para la Argentina, una propuesta republicana.

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