¿Por qué en Gualeguaychú se hace una fiesta del pescado y el vino entrerriano?

Además de ser un propuesta que fomenta el turismo familiar y promueve el encuentro de los vecinos, esta fiesta popular tiene como objetivo reivindicar el trabajo de los pescadores y celebrar que en la provincia, después de seis décadas, hayan vuelto a crecer las vides.

 

Por segundo año consecutivo, se realiza en Gualeguaychú la Fiesta del Pescado y el Vino entrerriano, una apuesta más de la gestión Piaggio para fomentar el turismo familiar en el verano gualeguychuense, que tiene como objetivo destacar el trabajo de los pescadores y productores vitivinícolas, así como también, celebrar que tras la derogación de la ley nacional de zonificación de producción, hayan vuelto a crecer viñedos en la provincia.

Para ello, en cada una de las tres noche, se ofrecerán espectáculos artísticos y degustaciones especiales de pescados y vinos regionales.

La entrada será libre y gratuita, y quienes quieran asegurarse comodidad podrán llevarse su propia reposera.

 

Historia

Por Verónica Toller

Hace un siglo, Entre Ríos era la cuarta provincia vitivinícola del país. Para 1910 había 4.874 hectáreas dedicadas al cultivo de la vid; más que el trigo y casi igual superficie que la dedicada al maíz. La producción salía por el puerto de Concordia –que era el tercero con más movimiento en la Argentina- rumbo a Buenos Aires. Y en el país, entre 1894 y 1916, la producción vitivinícola logró crecer un 700%.

Todo había empezado a mediados del siglo XIX. Fue en ese marco que Joseph Favre, un inmigrante suizo, llegó a Colón en 1857 y decidió comenzar aquí la misma producción que sus abuelos en Europa: la vitivinicultura. Plantó sus vides y hacia 1874 levantó su casa sobre la bodega o cava. Sus vinos se comercializaron bien; vendía a la región y a Buenos Aires. La vitivinicultura entrerriana hacía pie en Concordia, San José y Colón en más de 30 bodegas, con cepas de Malbec, Cabernet Sauvignon, Tannat, Pinot Blanc y Semillón. Hasta que…

Corría 1936. El horizonte se encapotó de negro para viñedos y olivares en nuestra provincia. El Presidente Agustín P. Justo había decidido promulgar una ley nacional de zonificación de producción. Así, la Ley Nacional de Vinos prohibió toda comercialización del vino procedente de cualquier región que no fuera Cuyo y las provincias cordilleranas del norte. Así fue como –y lo contaban los padres de nuestros padres- florecientes bodegas entrerrianas debieron tirar a la calle, literalmente, cientos, miles de litros de vino cuando llegaron los inspectores nacionales a hacer cumplir la ley. Solo quedaron los vinos pateros que hasta el día de hoy se producen en tierras del norte de la provincia, donde sus propietarios lograron conservar las vides aunque no las bodegas. Por lo demás, creció la citricultura. El arroz, la ganadería y –en los últimos años- la soja.

Pasaron seis décadas. En 1998, por obra del legislador Augusto Alasino, la actividad se desreguló nuevamente y los viejos toneles volvieron a llenarse.

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