¿Por qué solemos aumentar de peso en las fiestas de fin de año?

Las celebraciones de la Navidad y fin de año son momentos para compartir con los familiares, con los amigos, con los compañeros de trabajo, pero también es una época de excesos, de comidas generosas y de brindis con alcohol. Todo esto tiene consecuencias en nuestro cuerpo y si comemos y bebemos de más empezaremos el nuevo año con molestias.

 

Por Rocío Hernández – MP: 21992

Lic. Rocío Hernández

No es de extrañar que una vez finalizado las fiestas navideñas, incluso en los últimos días de celebraciones, nos encontremos pesados, sin ganas de comer y con sensación de pesadez. Esa es la consecuencia de haber comido y bebido de más durante los últimos días del año. Las sensaciones se incrementan si el resto del año mantenemos un estilo de vida saludable.

Durante las celebraciones navideñas consumimos una mayor cantidad de calorías, debido a que los platos que se elaboran en estos días son más numerosos y contienen más grasas y ácido úrico que los que consumimos habitualmente. A ello se suma la ingesta de alcohol y también que en estos días nos movemos menos. El sedentarismo se apodera de nosotros con motivo de cenas y brindis con los seres queridos.

Todo ello hace que la digestión sea difícil y podamos sufrir ardores, malestar e incluso rechazo a determinados alimentos que hemos comido en exceso. En el caso de haber bebido de más se aumenta esa sensación de pesadez a la que puede unirse, casi con total seguridad, la de resaca al día siguiente.

A las copiosas comidas le siguen largas sobremesa, meriendas y cenas sin apenas tiempo para hacer la digestión. A todo ello, además, sumamos que apenas hacemos ejercicio para quemar todo lo que ingerimos y bebemos. De este modo no es de extrañar que al acabar la Navidad y pasar por la balanza veamos que hemos engordado. A veces ni siquiera hace falta el viaje, porque el botón de los jeans nos deja claro que hay kilos de más.
El engordar es, la principal consecuencia del exceso ante el que nos rendimos en Navidad. Hay que tener en cuenta que no sólo es el peso que se consigue, sino el hecho de que se hace en muy poco tiempo, en apenas dos semanas nos ponemos varios kilos encima.

Y sí, probablemente uno de nuestros propósitos de Año Nuevo sea adelgazar lo que nos sobra y ponernos en forma, pero hay que ser conscientes de que no vamos a conseguir perderlos con la misma rapidez que los hemos alcanzado, lo que ocasionará algunos momentos de desesperación. Además, puede suceder lo contrario a lo previsto, que dado que los hemos apresado tan fácilmente tendamos al catastrofismo y prolonguemos más allá de la Navidad el exceso de comida y bebida, sumando algún otro kilo de más a nuestra cuenta particular.

 

Ansiedad y excitación

La ingesta de comidas con alto valor calórico puede acabar por generar ansiedad entre los comensales durante los días de Navidad. El exceso de azúcar, presente en los postres, puede derivar en una excitación de los menores y en que presenten un mayor estado de nerviosismo y dificultades para conciliar el sueño en estos días, entre otras consecuencias.
Aunque los más pequeños de la casa son los principales afectados por este estado se puede extender también a los adultos. Además, en este caso se puede complicar si padecen algún tipo de enfermedad como diabetes o tensión alta.

Visita al médico

Las celebraciones de Navidad en ocasiones acaban con una visita al médico. Puede deberse a una indigestión, a una intoxicación alimentaria o incluso a una alergia que ni siquiera sabíamos que teníamos. Pero también puede ser debido a otro tipo de razones más serias.
Durante estas fechas el exceso pasa factura y se registran más episodios de problemas cardiovasculares, algunos con adversas consecuencias. Lo mismo puede ocurrir si bebemos alcohol y realizamos actividades poco seguras o peligrosas y que puedan poner en riesgo nuestra integridad, como conducir o practicar actividades que requieran de gran concentración.

Evitar el exceso 

Se puede celebrar sin una gran indigestión como complemento final. Para ello no hay que renunciar a las comidas ni a los brindis con los amigos, sólo hacerlo en su justa medida. Así se puede empezar por incluir alimentos sanos en los menús y dejar de lado las salsas, especialmente las comerciales, y todos aquellos otros productos que estén cargados de calorías.
Se puede beber vino en la cena y brindar con champagne o sidra, pero en su justa medida. De este modo evitaremos la resaca y las molestias varias que tendremos cuando acaben los festejos. Además, y dado que es una época para disfrutar en familia, ¿por qué no hacerlo dando un paseo? De este modo contrarrestaremos el sedentarismo propio de estos días.

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