Privilegios de un prisionero. Por Análisis Digital

El cuñado del ex gobernador Sergio Urribarri, Juan Pablo Aguilera, está detenido desde el viernes pasado por la causa de los contratos truchos legislativos. En estos días, fue visitado dos veces por el ex mandatario y su mujer.

Juan Pablo Aguilera creía que recién el año próximo se podía ver privado de su libertad, pero se equivocó. No obstante, pudo saber, horas antes, que la Policía iría a buscarlo el viernes, para llevarlo detenido por la causa de los contratos legislativos truchos, donde el cuñado del ex gobernador Sergio Urribarri tuvo un rol clave a la hora de trasladar el dinero recaudado y que terminaba de juntar el hermano de su esposa, el ex policía Alejandro Almada.

El personal policial llegó a las 8.10 de la mañana a la casa de la zona del Seminario de Paraná. Le dijeron de la orden de detención y Aguilera ni mosqueó. “Está todo bien; tranquilos nomás”, les dijo, con espíritu jocoso y superador, como queriendo demostrar cierto manejo de la situación. Lo único que le secuestraron los uniformados fue un celular iPhone último modelo, que cuesta más de 100 mil pesos en la actualidad. En el lugar no se encontraba su abogado Marcos Rodríguez Allende, pero ya estaba informado de la situación y al primero que le avisó fue al ex gobernador Urribarri y a su esposa Ana Lía Aguilera, hermana de Juampi.

Una situación parecida sucedió cuando lo fueron a buscar a Alejandro Almada, a eso de las 9.45. Tampoco desconocía de su detención. Obviamente, desde ese momento, ambos pasaron a ser detenidos de privilegio. Antes de Almada, a eso de las 9, también quedó privado de su libertad Sergio Esteban Cardoso, responsable administrativo de la Cámara de Diputados.

Como en la Alcaidía no había lugar, en principio fueron derivados a la sede de la Comisaría Quinta, en la zona de San Agustín, considerada una de las dependencias más duras de los últimos 30 años, por casos de apremios ilegales o algunas muertes algo dudosas, como la de Miguel Ángel Lencina, imputado del secuestro y muerte de Fernanda Aguirre, en julio de 2005, quien una mañana apareciera ahorcado en una celda de la comisaría.

Aguilera y Almada fueron revisados por el médico policial, no hicieron comentario alguno, pero tampoco perdieron el espíritu jocoso con el que ambos ingresaron, pese a la situación en que se encontraban. Estuvieron por escaso margen de tiempo, porque cerca del mediodía del viernes fueron derivados a la sede de la Alcaldía de Tribunales, situada sobre calle Córdoba. Cada uno de ellos fue ubicado en sus respectivas celdas y recibieron visitas en los horarios previstos, tanto el viernes como el sábado, de 17 a 18 horas. Lo propio sucedió con el imputado Sergio Cardoso, quien en la actualidad se encuentra con prisión domiciliaria.

(Más información en la edición gráfica 1092 de la revista ANÁLISIS del 20 de diciembre de 2018)

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