Qué hace un pueblo heroico en tiempos de pasteras

Los ciudadanos de Gualeguaychú marcharon por decimocuarta vez sobre el Puente Internacional General San Martín con la misma decisión, fervor, coraje y dignidad con que lo han venido haciendo cada año y cuya tenacidad se mantiene viva ante la desidia de políticos olvidadizos y pusilánimes.

 

Por Luis María Serroels
(Especial pata INFONER)

 

Es mucho cuanto podríamos decir (llegamos a publicar en ANÁLISIS una veintena de notas sobre el tema censurando al vecino gobierno) pero baste seleccionar aspectos cuya contundencia meridiana no deja más mínima duda y que deberían avergonzar a quienes apoyaron esta lucha por especulaciones electorales y luego retrocedieron sin mensurar el grado de vergüenza que ello implicaba.

Quienes afirmaron falazmente que Botnia no contaminaría, deberían hoy sellarse la boca. Y aquellos que se arrugaron mutando su postura inicial para terminar pidiendo que se libere el corte de la ruta “buscando métodos más pacíficos” para rechazar una contaminación nada pacífica por cierto determinada por estudios científicos, cargan hoy con el peso de la desvergüenza.

Posemos la mirada en un pasado no lejano. En abril de 2015 (gobierno de Cristina Fernández) el Senado Nacional declaró de interés la marcha de los asambleístas al Puente Internacional San Martín, cruce que se efectuó bajo el lema “Seguimos diciendo Sí a la Vida” .

Anteriormente, en junio de 2014, un informe había revelado que UPM (ex Botnia) volcaba al Río Uruguay un promedio de 709 litros por segundo de efluentes líquidos, o sea 195.000 kgs. de sólidos disueltos. Autores de este trabajo fueron los laboratorios canadienses Pacífic Rim y Exova, teniendo en cuenta la normativa establecida por el Digesto sobre el Uso y Aprovechamiento del Río Uruguay (reglamentario del Estatuto del Río Uruguay) y el Decreto 253/79 del gobierno oriental.

Las muestras determinaron “contenidos de fenoles superiores a lo establecido por la normativa vigente” (se tomaron muestras entre diciembre de 2011 y agosto de 2013, de las cuales en 11 ocasiones se registraron valores que sobrepasaban los admitidos y que en el citado documento se registran como sustancias orgánicas tóxicas).
En el estudio “se cuantifican pesticidas organoclorados, organofosforados, carbánicos y/o piretroides, tanto en el efluente como en los pluviales”.

No resulta ocioso recordar que Uruguay autorizó unilateralmente a Botnia el vuelco de efluentes hasta un máximo de 37º C sin modificar la normativa para el resto de la industria de ese país.

La ley provincial Nº 6.416/79 y su decreto reglamentario 4.092/79 legislaban sobre Uso del Espacio y Preservación del Medio Ambiente en la Región de Salto Grande (donde Argentina y Uruguay compartieron la construcción de una represa hidroeléctrica). En el art. 60º destaca que “la autoridad de aplicación exigirá para la aceptación de radicación para una nueva industria (…) la presentación de un estudio de los efectos que producirá sobre el medio ambiente”. En su artículo anterior ya alude a la factibilidad de eventuales efectos negativos y en el 80º hace hincapié en la prevención respecto del área de influencia directa de la represa. Y en el art. 35º del decreto reglamentario, encolumna las industrias que no podrán radicarse en dicho espacio y así aparece la que elabora pasta química (celulosa) y alfacelulosa.

Casi tres décadas después el gobierno uruguayo (que no podía desconocer las prevenciones y limitaciones a la radicación industrial contaminante, contempló similares riesgos ante el arribo de Botnia frente a Gualeguaychú. Si bien este emprendimiento no es binacional, más claro resulta observar que tanto este río compartido como el aire no tienen barreras siendo que se trata del mismo curso de agua el que recibe los desechos descalificados por los laboratorios. Si suicida resulta poner en peligro la salud en casa propia, mucho más grave y condenable es hacerlo con los vecinos de enfrente, vecinos de otra nación. Es el mismo río internacional.

En mayo de 2010, el gobernador de Entre Ríos Sergio Urribarri les pidió a los asambleístas de Gualeguaychú que levanten el bloqueo de la Ruta Internacional 136 en Arroyo Verde, porque podría volverse en su contra, a la vez que les pedía aplicar “otros métodos más pacíficos” (¿acaso han sido “pacíficos” los efectos perniciosos y contaminantes de la planta de Fray Bentos que ponen en riesgo la salud humana en una amplia zona y ante lo cual los habitantes de Gualeguaychú no vacilaron en reaccionar?).

La actitud del mandatario no pareció ajena a la querella civil y penal que preparaba el gobierno nacional de Cristina Fernández para presentar contra los asambleístas, donde incluía una docena de supuestos delitos (quizás no tantos como los que ella debe enfrentar en estos días por corrupción). El fallo de La Haya no ordenaba desalojar la ruta y los asambleístas contaron con la virtual anuencia del kirchnerismo por acción u omisión. Por ese tiempo Anibal Fernández y a través de un video, justificaba la estrategia de la población de Gualeguaychú y en la otra vereda, el “piquetero diplomado” Luis D’Elía, reclamaba “desalojar la ruta sin más vueltas”.

Esta es la frutillita del postre: el 7 de octubre de 2010 –a veinte días de su repentino fallecimiento-, el ex mandatario Néstor Kirchner llegó a Gualeguaychú por tercera vez para actividades políticas, oportunidad en que los asambleístas le recordaron que en una visita anterior había considerado la lucha de la Asamblea como “causa nacional”. ¡Qué ironía! El gobierno K de su esposa había concretado meses antes de este tercer viaje, la mencionada acción ante la justicia federal por el corte. En buen romance, se había decidido judicializar una protesta que antes alentaba.

¡Aguante la especulación política!

Toda cruzada justa basa su valor en la continuidad y el espíritu férreo que la sustenta. Las demandas son más recurrentes cuanto más recurrente sea la tozudez de los déspotas.
Ante la incansable prédica a favor de la vida del pueblo de Gualeguaychú, valga la siguiente reflexión para definir y afianzar tan dura como legítima lucha: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

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