Radiografía del descaro

Sabido es que para formular una crítica se requieren dos condiciones: motivo y autoridad moral. En el terreno habitualmente cenagoso de las lides electorales, nunca falta ese condimento de la artillería dialéctica entrecruzada donde las buenas formas desaparecen, irrumpiendo ese familiar fenómeno de las frases cargadas de cinismo e hipocresía en el que caen figuras ya rechazadas en el cuarto oscuro y manchadas por la desvergüenza cuando les tocó gobernar. Los 10 compromisos que acaba de asumir ante la sociedad el ex kirchnerista reciclado Sergio Massa, derrotado en las PASO de 2015, son un compendio de hipocresía si se desmenuza su itinerario político a la sombra del matrimonio más corrupto desde la recuperación de la democracia. Un intento por poner las cosas en su debido sitio, sólo persigue sacarle la careta a los rostros de desmemoriados crónicos.

 

Luis María Serroels
Especial para INFONER

 

Hagamos una salvedad: en un país donde los sindicados por graves hechos de corrupción, con múltiples imputaciones y posesión de sumas millonarias mal habidas, siguen operando dentro de la campaña electoral como si sus prontuarios fuesen un atractivo irresistible, nada bueno se puede aguardar. La legislación vigente no puede se tan frágil en términos de decencia y moral. Si Eduardo Duhalde, el hacedor político del matrimonio Kirchner, salió a vaticinar que asistiremos a la campaña política más sucia de la historia nacional, es porque debe conocer muy bien a los agentes generadores.

Cuando se sostiene que en las próximas elecciones los votantes se enfocarán preferentemente en la cuestión económica como causa del no voto macrista, omiten que la disyuntiva consistirá en no percibir quién podrá solucionarla en tanto en la carrera hacia la Casa Rosada aparecen personajes ya probados en acción con calificación cero.

¿Puede ser tan irracional la autoponderación al extremo de que una particular amnesia despeje de la mente un pasado impresentable?

El dirigente Sergio Tomás Massa acaba de difundir un Compromiso con la Argentina en busca de suceder a Mauricio Macri en diciembre venidero. Previo a analizar el documento que consta de 10 propuestas, surge necesario recordar a quién ha venido buscando el mejor rescoldo político. Cuando Winston Churchill sostuvo que “la política es demasiado seria para confiársela a los políticos”, sabía porqué lo decía.

Massa, ideólogo del Frente Renovador y definido como peronista aunque trabaje por fuera, es un ex militante de la UCeDe. Fue diputado provincial bonaerense (1996-2002); Director Ejecutivo de la Anses durante el kirchnerismo (2002-2007); Jefe del Gabinete de Ministros de la Nación (2008-2009); Intendente del Partido de Tigre (2007-2008 y 2009-2013) y Diputado Nacional por Buenos Aires en 2013.

Alejado del cristinismo y ya como cabeza del Partido Renovador, se postuló para la presidencia de la Nación en los comicios de 2015, ocupando el tercer lugar con un magro 21,39 % de votos. En las legislativas de 2017 quiso ser senador nacional por la provincia de Buenos Aires pero no resultó electo. Recordemos que en 2005 aceptó ser candidato testimonial (esa vulgar triquiñuela diseñada para engañar al electorado prestando el nombre para una función que al final no se piensa desempeñar) y por ello eludió asumir el cargo para continuar en la Anses. En tal desempeño, aplaudió a Cristina Fernández cuando ella firmó el decreto vetando la ley que consagraba el 82 % móvil para jubilaciones y pensiones. Años después, en 2015 y en la campaña presidencial, prometió otorgar ese derecho antes rechazado y terminar con los centenares de miles de causas iniciadas por los pasivos ante la justicia.

Este Sergio Massa es el que acaba de anunciar que “nosotros sabemos que hay otra manera de hacer las cosas, que hay otras soluciones, que hay alternativa”.

En su enfermiza pretensión de ser presidente, invita a “todos los sectores políticos y de la sociedad, sin exclusión, a conformar un gran acuerdo económico y social por la Argentina”. No calcula que hay muchos memoriosos que lo ubican dentro del Frente Para la Victoria, donde se instaló la mayor ola de corrupción en el Estado que se recuerde y que en el organismo que él condujo se cometieron malversaciones y desvíos de fondos genuinos de los queridos viejos hacia el Tesoro Nacional.

 

 

“Estamos acá para recuperar la esperanza y la ilusión de los argentinos y argentinas. No podemos dejar que nos roben la esperanza. No podemos resignarnos ni bajar los brazos. Nosotros estamos acá humildemente para representar a esa enorme mayoría que hoy quiere, desea, sueña y necesita un cambio de gobierno. Somos la alternativa que los argentinos y argentinas están esperando. Vamos a hacer posible lo que hoy es necesario”, dijo sin rubor quien en 2015 ya probó que no es creíble ni aceptado por la ciudadanía.

¿Alguien ha escuchado de boca de Massa alguna crítica o condena a sus ex compañeros de ruta que hoy ocupan sitios en cárceles de la república y muchos más que aguardan los juicios aviesamente demorados por jueces venales (muy especialmente su mentora CFK y familia)?

La convocatoria massista abarca a todos los sectores políticos, empresariales, sindicales, religiosos, intelectuales, estudiantiles, culturales y comunidad científica, que incluye dentro de los 10 compromisos tan atractivos como los que ofrecen aquellos que saben que no van a triunfar. En el Teorema de Baglini, su autor Raúl Baglini, abogado, político y ex legislador nacional (UCR), sostiene que “cuánto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven”.

Un viejo proverbio árabe señala que “antes de hablar asegúrate de que tus palabras sean más útiles que tu silencio”. Una nación no sólo se agravia con las maldades que se le hacen sino también con las buenas promesas que no se cumplen.

En el documento presentado por Sergio Massa figuran promesas casi idílicas, de una desbordante utopía y el ciudadano de a pie se preguntará: ¿porqué no le sugirió tanto idealismo al gobierno que integró con entusiasmo devenido en desazón?

El ex ministro de Economía y virtual candidato la presidencia de la Nación, Roberto Lavagna, tomó distancia de Massa por considerar que sus proyectos son diferentes. Si la dispersión de justicialistas se revertirá con la incorporación de Marcelo Tinelli, será otra broma más.

Cuando se erosiona la trascendencia de la política con frases vanas y demagogia barata, estamos ante un grave problema. Cerremos esta nota con una formidable reflexión del multifacético Woody Allen: “El mago hizo un gesto y desapareció el hambre; hizo otro gesto y desapareció la injusticia; hizo otro gesto y desapareció la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago”. El que le quepa el sayo que se lo calce. Mientras tanto, el Antón Pirulero del ajetreo electoral sigue su curso.

 

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