Ratas drogadictas sustraen marihuana secuestrada

Nunca se había conocido que la desaparición de un cargamento de 540 kilogramos de marihuana mantenido en custodia en un depósito judicial de Pilar (Buenos Aires), parte de unos 6.000 kilogramos, se atribuya por sus vigilantes a la acción de las ratas.

 

Por Luis María Serroels
(Especial par INFONER)

 

Se sabe que existen en el mundo animal infinitas especies dotadas de características a veces insólitas, sorprendentes morfologías, maravillosos colores y conductas casi prodigiosas. Sus modos de comportamiento han venido en muchos casos mutando por obra de factores ambientales y sufriendo los perjuicios de fenómenos contaminantes como peregrino “obsequio” que el hombre le ofrenda la madre naturaleza haciendo desaparecer valiosos ejemplares.
Pero nunca se había conocido que la desaparición de un cargamento de 540 kilogramos de marihuana mantenido en custodia en un depósito judicial de Pilar (Buenos Aires), parte de unos 6.000 kilogramos, se atribuya por sus vigilantes a la acción de las ratas. La investigación se había iniciado el año pasado.

Si nos atuviésemos a la ley vigente, los malos cuidadores deberían ser imputados de favorecer el inicio de los pobres animalitos en una adicción que ellos no buscaron. Todos conocemos lo hábiles y molestos que para la vida ciudadana son estos roedores. Un estudio realizado por organismos sanitarios de San Pablo, la ciudad más poblada de Brasil, reveló la existencia de dos roedores por habitante. Su capacidad para desplazarse y habilidad para escurrirse hacia sitios seguros es notable, pero resulta que ahora –según el insólito argumento usado por un grupo de uniformados- han adoptado para su insaciable ingesta el consumo de la cannabis sativa.

Quienes efectuaron el sumario, jamás pensaron enfrentarse con semejante hipótesis destinada a revolucionar las estimaciones científicas sobre las adicciones, incluso la visión sobre franjas vulnerables y dimensión del mercado consumidor. Una auténtica revolución.

Los uniformados que violan su sagrado compromiso de obediencia, disciplina, entrega y sometimiento a la ley –que supone enfrentar los peores riesgos y aceptar el peligro latente en su cometido-, suelen contar en sus filas con efectivos olvidadizos que sucumben ante las tentaciones. La misma ley los sanciona.

Pero trasladar sus fechorías a unos animalitos que, aunque estén registrados como una de las plagas más molestas no merecen ser calumniados, es malvado.

Atribuír el robo y consumo de droga –previa sustracción de la misma de un depósito-a silenciosos roedores, sólo alcanzaría para satisfacer la avidez de los lectores de la célebre tira Créase o No, creada en 1918 por Le Roy Ripley.
La rata (Rattus, de la familia Munirae), era considerada en tiempos remotos por la astrología china como “un animal protector y traedor de prosperidad material”. Se lo asociaba con la inteligencia y la astucia.

Tal vez los poco ingeniosos policías supieron de estas cualidades al momento de sus alegatos para tornar naturales las maniobras de los iniciados roedores, que los convertirían en depositarios de semejante imputación. Una veterinaria explicó que, consumida por la rata, la cannabis puede tener efectos de alucinación, fotofobia y muy fuertes estímulos. Todo depende de la porción ingerida.

Una referencia cita el caso de un perro de 20 kilogramos que ingirió un cigarrillo de marihuana, sufriendo una sintomatología muy aguda que le provocó serias convulsiones que pueden determinar la muerte. Una rata o un ratón no podrían sobrevivir.

En el caso de los efectivos -ya separados de la fuerza-, es imposible que dentro del inmueble utilizado no se hayan hallado restos que induzcan a semejante teoría esgrimida ante el sumariante. ¡Cuidadosos y pulcros los roedores!
¿No se estaría frente a inteligentes ratas que oficiarían de animalitos “dealer” (distribuidores) que proveerían la hojita picada a clientes de su propia especie? Los que sustrajeron tanta marihuana incautada incurrieron en algo de lo cual no se retorna: el ridículo, rociado con evidente irrespetuosidad ante fiscales y superiores.

De las ratas adictas finalmente nada se supo, pero trascendió que dentro del plan de lucha contra este azote, difícilmente se haya pensado en ponerles a su alcance la marihuana. Sí se sabe que ellas, ante productos desconocidos y con cierto grado de sagacidad –adobada con cobardía- mandan integrantes de su fauna a probar el “eventual alimento”. La intuición animal siempre existió. Lo que en los laboratorios les hacen sin compasión dando la vida por la ciencia, la Rata Reina lo aplica con sus súbditos cuya entrega solidaria resulta encomiable.

Este insólito caso terminó con la separación de ocho efectivos. Se entiende que tan voluminosa carga de droga siempre debe ser harto vigilada. El exterminio de roedores transcurre por otros métodos que nunca podrán consistir en proveerles drogas prohibidas.

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