Recalculando

Tomando en cuenta la coyuntura económica actual tanto a nivel interno como externo y en pos de analizar los posibles pronósticos para el corto plazo o, como decimos en economía, plantear cuales son las alternativas que tenemos frente al escenario actual, enfatizamos que la economía argentina es como un paciente que ingresó a la guardia del hospital en muy mal estado tras un accidente.

 

Por Marisol Gonzalo – Lic. en Administración y Contadora Pública Nacional

 

Primero hay que estabilizar al paciente y echar mano a suturas de emergencia. Está claro que la opción de las altas tasas de interés no es conveniente; pero si no se lo hacía parte de la solución de poner tasas bajas hubiese ido a financiar una nueva corrida cambiaria. Mientras que en el plano internacional tenemos la disputa comercial entre los EEUU y China; la crisis en Turquía; la suba de las tasas de interés de la Reserva Federal; más la baja de los precios de la materias primas; y como frutilla del postre “los cuadernos de la corrupción”.

Entonces para superar ese cuadro crítico, el Gobierno optó por hacer un shock monetario y fiscal, con el respaldo de mayor asistencia del Fondo Monetario, en monto y desembolsos inmediatos, el cual genera un alto costo inicial en términos de actividad, empleo y situación social, pero que, en caso de éxito, nos deja encaminados hacia un futuro mejor y sustentable.

La gente sabe que estamos en recesión, lo que necesita ver es que este panorama presente bastante oscuro comience a aclarar en algún momento.

En este orden de cosas, la mayoría de los analistas creen que la economía comenzará a recuperarse en el segundo trimestre de 2019.

Luego de lograr una cierta estabilidad que nos dé algo de tregua y si al programa le va bien, es decir el tipo de cambio se mueve hacia el piso de la banda, ahí se iría a un esquema de tipo de cambio fijo en la cual no hay restricción para emitir, la demanda de dinero, si crece, conduce al aumento de las reservas en divisas y al inicio de la disminución de las tasas de interés. Es natural que no se puedan controlar precios (tasa de interés) y cantidad (base monetaria), por eso la tasa de interés será endógena y así seguirá funcionando, por más que tratarán de mantenerla alta por algún tiempo, hasta asegurarse que el paciente se estabilizó.

Recordemos que en la presentación del Programa Monetario del Banco Central se puso una banda de no intervención ($34 – $44), lo cual implica que mientras la divisa se mantenga en este margen la autoridad monetaria no va a intervenir en el mercado cambiario. En septiembre se ubicó en el medio, en $38 y a partir de ahí se irá moviendo. La lógica es mantener el tipo de cambio flotando y en una banda ancha con alguna garantía que la cotización no se vaya ni muy para arriba ni muy para abajo.

A la fuerza, la mezcla de recesión y devaluación está corrigiendo una de las vulnerabilidades de la economía argentina que es el sector externo. Los números externos están mejorando.

Se puede ver en el horizonte, y en el corto plazo, muchos más dólares de los que originalmente se pensaron tras el último acuerdo con el FMI. Porque por un lado están los efectos en la balanza comercial (mayores exportaciones), menor demanda de divisas para el turismo y para pagar importaciones y también la dolarización de portafolios a este tipo de cambio; más los dólares esperados por las mejores cosechas; el anuncio de una posible intervención vendedora con USD 150 millones por día si se tiende a superar la cota superior de la banda cambiaria; por otra parte al Tesoro le van a sobrar un montón de dólares porque ahora el FMI está dispuesto a financiar los vencimientos en divisas y también en pesos. En cuanto a los pesos y con las altas tasas de interés que incentivó a trasladarse a las colocaciones en esta moneda a plazo fijo, todo esto debería conducir a una situación cambiaria mucho más acomodada.

Se está intentando mostrar que están mejorando los números fiscales, para buscar restablecer el acceso al crédito externo para las provincias y el sector privado, en algún momento de 2019. Y si también lo obtiene el sector público nacional, mejor porque dejaría más holgura para el año posterior.

Para el año próximo, el Presupuesto prevé un déficit externo de USD 9.900 millones; todavía hay un faltante de divisas, aunque mucho menos que para este año. Eso quiere decir que hay que tener financiamiento para eso. Además hay vencimientos de capital del sector público y también del privado. En el caso del sector público nacional está cubierto con la asistencia del Fondo Monetario, hasta incluso le puede sobrar un poquito. Pero para las provincias, municipios y empresas privadas que también tienen que afrontar vencimientos, más el déficit comercial.

Algo de eso se financiará con inversión extranjera directa que siempre hay, pero hay que restablecer cierto financiamiento externo privado. Esto será la clave para ir recuperando el nivel de actividad. Si el recorte financiero fuese mayor (mayor freno a la entrada de capitales) habrá que recesionar más.

Hoy se nota una mayor consistencia entre la política monetaria y fiscal, en un contexto donde se financiaba el déficit con altas tasas de interés, mayor endeudamiento y nuevo atraso cambiario, al mismo tiempo se pretendía que baje la inflación y no se hacía nada con el gasto público. Hoy, si bien continuamos con estas variables críticas, al adecuar el tipo de cambio y hacerse cargo de la baja del gasto público estamos accionando frente a la enfermedad.

Entonces hoy las tasas de interés están subiendo, pero en algún momento deberían de comenzar a bajar si se observa la mayor oferta genuina de divisas. Si con el correr de los meses próximos esto no sucede habrá que disponer restricciones al ingreso de capitales de muy corto plazo (son los primeros en retirarse frente a un escenario mas delicado).

Se viene haciendo una contención de gasto bastante importante, ajustado por inflación, y eso debería continuar, aunque un poco menos, porque se han reforzado los planes sociales. Además, las nuevas retenciones van a compensar la caída de recursos esperada por mayor receso del que se había previsto inicialmente. Se debería de poder cumplir la meta de este año de un déficit de 2,6% del PBI; y para el año que viene, si se aprueba el Presupuesto el déficit primario tiene que descender en realidad a 0,4% del PBI porque es la parte que se destinará del Fondo Solidario de la Reparación Histórica.

Lo que está en discusión en la aprobación del Presupuesto 2019 son los recortes para lograr los efectos deseados en cuanto a las metas inflacionaria y de déficit primario y las consecuencias de los mismos para cada sector.

Si bien parte del traslado a precios de la devaluación la contiene el receso, independientemente del ajuste de las tarifas, y en la medida que la economía comience a reactivarse tal vez hay un espacio para aumentos de precios, pero eso será para mucho más adelante. En cuanto al lado de la demanda y puestos ya en el 2019, tendremos una recomposición de los salarios que empezará en algún momento del primer trimestre de 2019, con la reapertura de las paritarias; y en jubilaciones y Asignación Universal por Hijo a partir de marzo, con un aumento que va a ser de un 11% a 12%, que deberían tener su efecto sobre la reactivación del consumo, en particular sobre el segundo trimestre.

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