Rivas no sólo abusaba de los jóvenes del organismo de menores, sino también de los chicos de clubes barriales de Gualeguaychú

Los casos de abusos del abogado Gustavo Rivas no dejan de aparecer. A dos meses de la denuncia periodística que derivó en causa judicial,se pudo reconstruir con testigos, que el conocido letrado de Gualeguaychú no solo se aprovechaba de jóvenes alojados en el albergue de menores de la ciudad, sino que, además, pervertía sexualmente a adolescentes de barrios muy pobres y de clubes de fútbol muy humilde.

Incluso, a algunos de ellos los hacía ir martes y jueves, de tarde, en días de práctica. “Primero los hacía bañar y luego les daba de comer”, se indicó. “Recién después tenían sexo. Los pibes eran vestidos por Rivas y se llevaban unos pesos a su casa”.

La investigación judicial sobre el caso Gustavo Rivas avanza. Aunque con demasiados escollos, pero avanza. Las ocho víctimas que declararon aportaron información clara y contundente. Y Rivas está cercado. Pero hay un segmento que aún no se profundizó. El hecho de que el abogado no solamente utilizaba a los menores del albergue provincial de Gualeguaychú, “Manuel Alarcón” sino que también atacaba los barrios más pobres de la ciudad. 

Siempre hubo la misma respuesta: “acá Rivas abusó de todos o de casi todos. La gran mayoría pasó por su casa. Nos pagaba entre 6 y 9 pesos por día y con eso podíamos comer los fines de semana”. Ellos viven en las mismas casas precarias de hace 10 o 20 años, cuando iban a la vivienda de Rivas, de Mitre 7. Alrededor hay pobreza, marginalidad y hambre. Como en los tiempos de gloria del doctor. Nunca les cambió la vida. Aunque ahora están mayores, son padres de familia y tienen hijos. Ninguno quiere ir a Tribunales a declarar, pero quizás sea una cuestión de tiempo. “Después nos van a apuntar con el dedo en el barrio”, dicen.

Ellos también iban los viernes o sábados de tarde, tal como sucedía con los menores del albergue oficial; en ese turno vespertino que les daba Rivas y para lo cual cada uno debía contar con su turno acordado de antemano. A la noche, el encuentro sexual era con los jóvenes de clase media o alta de Gualeguaychú, como si no hubiera pasado nada en otras horas de la jornada. De tarde, el horario era para los chicos pobres. No obstante, Rivas también solía usar a esos chicos de barrios marginales, para montar escenas, donde los espectadores eran los pibes de clase media y alta. Eran los autorizados a mirar cómo esos pibes necesitados penetraban al abogado o éste les practicaba sexo oral.

Pero hay otro elemento que se suma: la forma de cómo Rivas abusaba de los pibes que practicaban fútbol en los clubes más humildes de Gualeguaychú, a principios de la década del ’90, como el caso de Tigre. Algunos iban los sábados, a media mañana, antes de jugar el partido, que se hacía cerca de las 13. Y en especial cuando había que jugar contra Unión o en Pueblo Nuevo y por ende la vivienda de Rivas quedaba de paso. “Nos encontrábamos en la plaza San Martín y los pibes iban un rato antes para pasar por la casa del doctor Rivas”, se indicó. Esos chicos tenían entre 14 y 16 años. “El doctor nos hacía bañar primero y después nos daba de comer algo. Luego había que dejar que nos hiciera sexo oral”, manifestó quien fuera una víctima y hoy ronda los 40 años. Esa práctica la hicieron durante por lo menos un año y medio.

Y no era lo único que hacían. También acudían durante la semana. En especial, los martes y jueves, antes del entrenamiento de fútbol. “Ibamos a eso de las 2 de la tarde, antes de la práctica. Rivas siempre nos hacía bañar primero. Nosotros no teníamos una ducha caliente en nuestra casa. Nos bañábamos tirándonos un poco de agua fría en un tarro. Y estar en un baño como el del doctor era soñado”, recuerdan. “Después nos hacía sexo oral, nos daba plata, zapatillas o ropa y nos íbamos contentos”.

La mayoría de ellos eran del barrio Franco, cerca del Club Tigre “En la casa comían guiso y en lo de Rivas el doctor les servía peseto al horno. Los pibes iban quizás por divertimento, pero también por la necesidad”, se indicó. Y Rivas, en su grado de perversidad, sabía perfectamente jugar con esa carencia.

 

Análisis.

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