Rivas se abstuvo de declarar

El abogado gualeguaychuense Gustavo Rivas concurrió a Tribunales a la hora a la que había sido citado a declarar en su carácter de imputado. Ingresó pocos minutos después de las 8 y salío cerca de las 11 de la mañana de este lunes. A pesar del tiempo transcurrido, se negó a prestar declaración.

Gustavo Rivas, quien está imputado en la causa por promoción de la prostitución y de la corrupción de menores, entró al Palacio de Tribunales de Gualeguaychú unos minutos después de las 8 de la mañana. El motivo de su demora fue el alud de preguntas que recibió de parte de los periodistas de medios locales, provinciales y nacionales quienes lo estaban esperando desde temprano.

Sus respuestas fueron insólitas. No habló sino que ante cada pregunta contestó con un “mmm”, dando a entender que no quería o que no le tenían permitido dar declaraciones. Solamente emitió palabras cuando el cronista de TN, Julio Bazán, le preguntó si le habían comido la lengua los ratones. Sorprendido por la ocurrencia, Rivas se río y le dijo “sos Julio Bazán”. En referencia a eso, Bazán reconoció luego que en todos los años que lleva haciendo periodismo, nunca le había pasado que un imputado reaccionara de esa manera ante la pregunta de los medios.

Tras permanecer casi tres horas adentro de Tribunales, Rivas salío junto a su abogado defensor, Raúl Jurado, y se dirigió a la Jefatura Departamental de Policía para que se le realice la identificación. De allí siguió rumbo a su domicilio, ubicado a pocos metros. En ese trayecto tampoco respondió a las preguntas de los medios. Su abogado, en cambio, fue quien informó que Rivas se había abstenido de declarar y lo justificó por la falta de identificación de las víctimas.

 

¿Qué delitos se le imputan a Rivas?

“Promoción de la corrupción de menores”

Es otro delito de índole sexual, que implica exponer al menor a actividades, imágenes, ideas, situaciones para los que no está preparado ni ha madurado. Implica corromper el ánimo, el espíritu, la mente, los deseos de los menores. En este caso, se señala como corrupción, entre otros, el hecho de pasarles películas porno a menores, filmarlos o sacarles fotografías obscenas. El delito se llama “promoción de la corrupción” en virtud de que el art. 125 del CP habla de penas para quien “promoviere o facilitare la corrupción de menores de dieciocho años, aunque mediare el consentimiento”, más duras cuando “la víctima fuera menor de trece años”.
La corrupción hace muchas cosas, que no figuran en el código pero que quedan impresas como marcas de ganado en el alma de las víctimas. La corrupción hiere la mente, espanta la libertad interior, encadena el espíritu a hechos, deseos, sucesos que quitan para siempre la paz. Y la víctima corrompida pasa a prácticas o sentimientos que antes no conocía y que ahora lo han atrapado; la corrupción ensucia, embarra, lastima. Las víctimas de corrupción, así como las de abuso, lo dicen claramente: “ya nunca más volvimos a ser los mismos; se nos acabó la amistad entre nosotros, los del grupo; ya no podíamos hablarnos ni mirarnos como antes”. La corrupción enferma de un modo tal que la sanación puede llevar años y requiere de mucho espíritu, mucha luz sobre los hechos (que suele provenir de afuera, porque la víctima no puede lograrla por sí misma) y mucho sinceramiento.

“Promoción de la prostitución”

Ídem, el art. 125 bis del CP castiga a quien “promueva la prostitución de terceros, aunque mediare el consentimiento de la víctima”, más aún si son menores. Implica pagos por favores sexuales, del tipo que sean. En la presente investigación, aparecen testigos que hablan en tercera persona y señalan hechos donde Rivas habría organizado a eventuales “ayudantes” para que “inviten” a menores a concurrir a sus reuniones, con la promesa efectiva de pagos. Otros testigos mencionan haber presenciado el momento en que pagaba. Algunas de las víctimas habrían confirmado estos hechos.

 

Foto: Paola Robles, de 2820

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