Salvemos las dos vidas, mucho más que un eslogan

El debate sobre el aborto en Argentina está tomando tintes dramáticos a medida que nos acercamos a la fecha del debate. Dramático no solo porque el tema lo es, en cuanto que están en juego miles de vidas inocentes, sino por el cariz de las discusiones. Ofrecemos algunos puntos de análisis, tomados de modo especial de las últimas novedades de prensa.

Por Fabricio Melchiori – Sacerdote

 

Pocos temas, como el de la vida, pueden determinar el futuro de una entera nación. Casi toda Europa está inmersa en una tremenda crisis por alejarse empecinadamente de sus raíces, de aquellos valores que le dieron vida e identidad. Un país como España, tan caro a nuestra cultura, posee una de las tasas de natalidad más baja del continente. Desde que se aprobó la ley del aborto, de poco más de 500 en un año pasó a 97000 a los últimos años. ¿La ley iba a bajar el número de muertes porque pasara a ser legal? Ciertamente, no. ¿Vamos a copiar también lo malo en esto, como costumbre nacional, sin ver el suicidio de comunidades enteras?

A todo esto, circula un video donde dos fundadoras de Ni una Menos manifiestan su indignación por la deriva abortista del movimiento. Y es lógico: si decimos ni una menos, ¿no incluye las bebes-niñas que se abortan? ¿Y qué decir de las de “pañuelito verde”? Es probable que no todas sean una “horda de asesinas”, pero sin duda el denominador común es ideológico, y por tanto de cerrazón a todo diálogo, donde abunda la ignorancia y la manipulación, sobre todo en los estratos jóvenes. ¿Cómo creer en un supuesto compromiso y sensibilidad por la vida si lo que se propugna es la muerte de un ser inocente, que lo seguirá siendo aunque sea fruto de una violación?

Ante una posible derrota de los defensores de la ley, está el supuesto intento de alterarla pero desnudando a su vez la verdadera intención: poco interés parecen demostrar en la vida y en cambio sí una sed de penalizar gravemente a quien la defienda. De ese modo, podríamos ver desfilar a médicos a la cárcel por ser fieles a su juramento hipocrático de salvar las dos vidas y todas las que hubieran.

Otro argumento a favor de la ley se refiere a las situaciones que se darían en situaciones de extrema pobreza. Pero resulta que las encuestas en esas zonas hablan de un porcentaje muy alto a favor de la vida, como salió de la encuesta de Telefe en la villa 31. ¿Entonces? ¿Y qué decir de los casos de malformaciones? ¿No nos emocionamos cuando alguien con síndrome Down se abre paso en la vida con su aporte y su talento? ¿Por qué entonces queremos eliminarlos?

Y como colofón de un desfile de sinsentidos, un medio abortista como Clarín nos pretende convencer con el testimonio de una médico “católica” (sí, por lo menos con comillas) que tiene el noble propósito de conseguir que los descuartizamientos que hace de miembros de fetos los pueda hacer en buenas condiciones asépticas. Como comenta Mariano Obarrio (un aplauso a su valentía, en ese medio), “quiere que esos pedazos se puedan sacar pero legal y gratuitamente, por amor e igualdad de oportunidades. Todos locos”. Realmente, de locos.

Mientras tanto, nos llegan noticias desde Hungría que dan cuenta de que el apoyo del gobierno húngaro a las familias es la causa que el número de abortos se reduzca más de un tercio de la cantidad que se producían en 2010 (de 40.449 a 28.500). También motiva un descenso en el número de divorcios (de 23.873 en 2010 a 18.600 en 2017) y un auge en el número de matrimonios (de 35.520 en 2010 a 50.600 en 2017).

¿Qué tal si vamos por ahí para hacer realidad lo de salvar las dos vidas, con políticas de Estado y el compromiso de todos?

 

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