Susana Villarruel: una víctima que fue condenada al silencio por la sociedad

Han pasado más de seis meses de la desaparición y muerte de Susana, un femicidio que tuvo poco impacto en la ciudad de Gualeguaychú. Presentamos a continuación un análisis de este crimen realizado por la cátedra de Comunicación, Deporte y Acción Colectiva de la carrera de Periodismo Deportivo de la UNLP-Facultad de Periodismo y Comunicación Social-Extensión Gualeguaychú.

Por Fernanda Fariña

Susana Villarruel tenía 38 años y cuatro hijos. Estuvo en pareja durante nueve años con Ramón De La Cruz Ortiz (39), quien el 30 de junio se presentó en los medios locales para decir que su mujer lo había dejado en la calle con sus hijos. Luego de su muerte, Celia, la hermana de Susana, dijo que la pareja había empezado a tener problemas de convivencia.

Ella vivía en el Barrio Toto Irigoyen, el cual se encuentra en la zona periférica de la ciudad. Allí residen cuarenta familias que vivían en el asentamiento de la zona de Boulevard Montana. Estas viviendas fueron entregadas a sus propietarios en febrero del año 2015. Y entre esas casas estaba la de Susana, donde vivía con tres hijos propios, fruto de otro matrimonio; la hija que tuvieron con Ramón y una hija de este con otra mujer. Es decir, eran una familia ensamblada.

Hace tiempo que las vecinas de Susana reclamaban la falta de servicios básicos en el barrio, como luminarias en las calles de acceso, la necesidad de transporte público para poder acercarse a otros lugares y la presencia de efectivos policiales, ya que les daba miedo salir de sus casas porque la zona es peligrosa. Este reclamo refleja ausencia del Estado, falta de inclusión y el requerimiento de que se cumplan sus derechos, todo lo deja salir a la luz el sentimiento de desprotección y marginación de los habitantes del lugar. Como afirma la investigadora mexicana en ciencias sociales, Rossana Reguillo, “El espacio público como foro para expresar distintas opiniones, (…) para tomar posición, negó su sentido al excluir de la palabra a los habitantes de lo interior: las mujeres, los niños, los enfermos, más tarde los ancianos, todos ellos seres transparentes y marginales”.

Villarruel fue vista con vida por última vez el 10 de julio de 2017 a las 7 de la mañana. El último en tener contacto con ella fue su ex pareja, Ramón De La Cruz, quien la habría acompañado a tomar el colectivo que la llevaría hasta el estudio jurídico de su abogado. Según declaró luego Ramón, él quiso acompañarla y la dejó en la parada sin ver si subía al colectivo, en tanto tomó por su parte un remis hacia el centro con dirección al mismo estudio jurídico donde habían quedado en encontrarse.

Pero Susana nunca tomó el transporte ni llegó a destino.

Tiempo más tarde, vecinos y vecinas dijeron haber escuchado gritos cerca de las 7.15, por lo que decidieron llamar a la policía. Pero nunca fue al lugar ningún efectivo ni móvil policial. Y este horario coincide con el momento en que ella había ido a Irazusta y Tropas a tomar el ómnibus.
Cerca de las 9 de la mañana, Ramón denunció su desaparición. Pero la inconsistencia en el relato hizo que quedara detenido.

A partir de ese momento, la Policía buscó a Susana por tierra y agua en la zona del Arroyo “El Cura”, con perros adiestrados, un lugareño en canoa, buzos tácticos de Paraná, Prefectura, el jefe de Prefectura Darío Panozzo y el fiscal de la causa, Martín Gil.

La drástica noticia llegó dos días después, el 12 de julio por la mañana, cuando los perros de la policía encontraron el cuerpo sin vida de Susana cerca del curso de agua, tapado por matorrales y con signos de haber sido arrastrado hasta allí. Paralelamente, los allanamientos en la vivienda del único detenido daban resultado positivo.

Al otro día, su ex pareja y único sospechoso del crimen fue llevado a Tribunales pero se abstuvo de declarar. Quedó imputado de homicidio triplemente calificado por el vínculo, la alevosía y femicidio.

El 15 de julio, la autopsia en la morgue judicial de Oro Verde, departamento Paraná, registró heridas en la zona del cuello, la cabeza y la mama derecha. Estos cortes generaron que la víctima muriera por un shock hipovolémico.

Luego, se constató que el acusado envió un mensaje desde el celular de Susana a su propio móvil para mostrar a la Policía.

Ramón De La Cruz Ortiz está detenido en la Unidad Penal N° 9 desde el 10 de julio, cuando se presentó a denunciar la desaparición de Susana. El martes 21 de noviembre, el Tribunal de Juicios de Gualeguaychú encabezado por Mauricio Derudi lo consideró el único responsable del femicidio de Susana, y recibió cadena perpetua, la máxima condena posible prevista por el Código Penal provincial. Es decir, pasará 35 años en prisión.

Movilización social

Horas después del hallazgo del cuerpo, el miércoles 12 de julio, integrantes de la Asamblea de Género junto con la Comisión Vecinal del Barrio “Toto” Irigoyen convocaron a una movilización con el objeto de exigir justicia por el femicidio. La concentración fue ese mismo día a las 18. Los presentes marcharon desde 25 de Mayo y Rocamora hasta Tribunales. Pero para sorpresa de las organizadoras, hubo muy poca adhesión.

El martes 18 de julio, los vecinos del barrio y las organizaciones se volvieron a concentrar en Rocamora y 25 de Mayo a las 5 y media de la tarde. Pero la situación se volvió a repetir. Hubo sólo dos cuadras de hombres y mujeres caminando por el microcentro.

Y el viernes 25 de agosto a las 6 de la tarde ocurrió lo mismo. Otra marcha con poca participación.

La poca asistencia fue un denominador común en todas las marchas realizadas para pedir justicia por el femicidio de Susana Villarruel. La ausencia de compromiso deja ver la presión que ejerce la opinión pública. El pueblo mató a Susana por segunda vez. ¿Sería por no tener una condición social preeminente? ¿Porque vivía en un asentamiento y tenía hijos con otro hombre?

Según el teórico social y filósofo francés Michel Foucault, “la comunicación es siempre, sin duda, una cierta manera de actuar sobre el otro o los otros”. Y en este caso, la sociedad gualeguaychuense se mostró indiferente y naturalizó, como hegemónico, un hecho criminal. Un accionar que, prácticamente, justificó un asesinato.

El 30 de junio, su ex pareja se había acercado a los medios locales para decir que su esposa lo había dejado en la calle y que necesitaba ayuda. Susana padecía una adicción a las drogas. Como afirma Jorge Huergo: “Por lo tanto, podría justificarse su muerte”. “Esto quiere decir que están condenados: hay una situación “natural” de la que no pueden escapar”.

En este caso, vemos palpable lo que dice el especialista español en comunicación José Luis Dader: “La presión que ejerce la opinión pública es como la presión atmosférica, no la ves, no la tocas, pero no por ello deja de actuar. (…) en cada tema polémico, se percibe por el conjunto de los individuos como lo mejor visto o más dominante. En cierto modo, las reglas del honor y la honra”.

Medios de comunicación

A diferencia de otros hechos ocurridos en Gualeguaychú o en Gualeguay, como el Caso Rivas o el femicidio de Micaela García, la búsqueda y el crimen de Susana Villarruel no tuvieron visibilización en los medios masivos de índole nacional. Ni tampoco la repercusión esperada en los mass media locales o regionales. Por lo tanto, quienes no sean ciudadanos de esta zona no conocen el caso, lo que deja la sensación de que el crimen nunca existió.

Volvemos a Rossana Reguillo: “Lo que no existe en la tele, no sucede. (…) La memoria de los espectadores, está directamente articulada al repaso que los historiadores realizan cotidianamente desde sus trincheras mediáticas”.

A pesar de todo, su familia, sus vecinos y amigas siguen autoconvocándose para manifestarse por ella, y continúan presentes en distintos espacios de difusión pidiendo justicia. Porque “a mayor visibilización, menor vulnerabilidad o mejores posibilidades de impulsar en una cierta dirección un acontecimiento” (Reguillo).

Hablamos de una víctima que fue juzgada por la sociedad como merecedora de silencio. Un ser que fue condenado a muerte aún después de muerta.

Bibliografía:
• Dader, José Luis (1992). “El concepto problemático de “opinión pública”. Principales enfoques sobre el objeto formal de la especialidad “Opinión Pública”, en El Periodista en el espacio público.
• Foucault, Michel (1998). “El sujeto y el poder”, en “Revista Mexicana de Sociología”, Vol. 50, N°3.
• Huergo, Jorge. “Hegemonía: un concepto clave para comprender la comunicación”.
• Reguillo, Rossana. “Identidades culturales y espacio público: un mapa de los silencios”.

 

 

 

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