Tendiendo puentes

La relación Médico-Paciente y sus consecuencias se reflejan en innumerables artículos científicos y en notas periodísticas de países desarrollados y subdesarrollados. Nuestro objetivo es trasladarlo a nuestra realidad para restablecer esta relación vital y necesaria en un sistema de salud local.

Columna de opinión del Dr. Hugo Gorla, director del Hospital Centenario, de Gualeguaychú.

 

Cuando un Paciente entra en contacto con un Médico, se desarrolla un sistema que tiene por objeto la interacción en el que tanto uno como el otro se han de encontrar comprometidos en una causa que promueve a ambos en la consecución de un fin. En esta relación se tiene como fin inmediato restaurar la salud del enfermo: lograr para él que sus funciones se acerquen lo más posible a la línea de trayectoria que en su naturaleza se representa como óptima, en función de tal situación, conlleva responsabilidades tanto para uno como para el otro. El Médico tiene responsabilidad con el Paciente y consigo mismo; el Paciente, de la misma forma, tiene responsabilidades con el Médico y consigo mismo.
La relación Médico-Paciente es una relación humana que, como tal, está sujeta a cambios históricos. En los últimos 30 años, con el avance tecnológico, hay una ruptura de los vínculos sociales que también afecta a la relación, apareciendo lo que se dio en llamar el “modelo médico hegemónico”. Este modelo, que había aparecido en los países desarrollados, se globalizó y nos llegó a todos, induciendo a la sociedad toda al consumo, al mercantilismo, individualismo y a la falta de solidaridad mutua entre Médico y Paciente. En múltiples aspectos la tecnología médica significó un gran avance para la humanidad: prolongación de la vida; nuevas maneras de nacer; mejora en la calidad de vida relacionada con la salud, etc. Al mismo tiempo, la tecnología médica alejó al Médico del cuerpo del Paciente y de su subjetividad. Como resultado, cada vez se examina menos, se observa menos, se interroga pobremente, y el tiempo –por diversas razones, económicas entre otras- se va acotando.
En otro orden de cosas, las condiciones del trabajo del Médico han cambiado considerando que los honorarios profesionales que pagan las obras sociales y prepagas son bajos al igual que en el ámbito público donde además existe una asfixiante demanda de atención y paralelamente las presiones en el ámbito privado no son menores con tiempos breves de atención.
Ciertas especialidades médicas críticas muestran, en los últimos años, una notoria reducción en el número de aspirantes a cubrir vacantes, ya sea en la etapa formativa (residencias médicas) como en posiciones para especialistas experimentados (gineco-obstetricia, pediatría, neonatología, terapia intensiva, etc.), siendo consecuencia directa del desaliento que genera un escenario laboral cargado de abrumadoras responsabilidades y exigencias sin un reconocimiento acorde con ellas, no siendo lógico que un sistema de salud se sustente en la heroicidadde sus protagonistas. Las vocaciones, en muchos casos, son erosionadas por un escenario tan adverso.
Los “sistemas de adaptación” a esta situación, no benefician a ninguno de los componentes de la relación Médico-Paciente. Desde hace años se ha expandido la expresión “medicina defensiva”, respuesta que un gran porcentaje de Médicos adoptó para intentar tener una posición más sólida, en términos probatorios, ante una eventual demanda judicial. Esto se tradujo, por ejemplo, en un aumento en la solicitud de estudios complementarios que están más allá de los estándares, esta conducta tiene claras implicancias en términos de dispersión de recursos económicos, además del tiempo ineficazmente empleado. Todo este contexto ha generado un quiebre en la relación.
El “sistema de adaptación” frente al honorario reducido fue hacia un incremento del número de consultas, que redujo drásticamente el tiempo ofrecido a cada Paciente (además del pluriempleo). Se cambió calidad por cantidad.
Médicos y Pacientes nos hemos acostumbrado a consultas de una brevedad extrema, dañando a ambas partes. Ambos en definitiva son víctimas de un perverso sistema que ha reemplazado conceptualmente al binomio Médico-Paciente por el de prestador-cliente (subproducto del gerenciamiento de la salud aplicado a ultranza).
Ubiquemos ahora en este crítico contexto una actividad como la medicina, marcada en múltiples casos por la incertidumbre y los hechos fortuitos. Es lógico deducir que el desgaste laboral del Médico desemboque, en muchos casos, en graves consecuencias para su salud física y mental. Patologías como el burn-out, el estrés crónico o el síndrome judicial comprometen hoy a un gran número de profesionales. El índice de insatisfacción profesional entre los Médicos ha crecido notoriamente.
El otro “sistema de adaptación” cuyos primeros indicios son evidentes es el que se denomina “medicina evasiva”. Esto se traduce en evitar tratar Pacientes con patologías críticas con un pronóstico reservado. Es decir, estamos transitando por el camino hacia el fin del “Médico heroico”.
Las implicancias de la medicina evasiva son fáciles de deducir: Médicos en la cúspide de su experiencia y capacidad intelectual que restringen voluntariamente su actividad profesional, muchos que agobiados por este escenario laboral, deciden abandonar la medicina asistencial anticipadamente.
Por los motivos previamente expuestos, esto repercute inexorablemente, en la calidad del servicio de salud por lo que instituciones gubernamentales, intermedias y políticas deberán dar una discusión de cara a la sociedad tendiendo puentes, reconstituyendo la relación Médico-Paciente y mejorando la expectativa de la población y su confianza hacia el Médico y sus instituciones.
Algunos de estos planteos y reflexiones los plasmamos en el salón del Concejo Deliberante en Octubre de 2016 al exponer los lineamientos básicos del “Consejo Intersectorial de Salud Gualeguaychú [CISG]” como un ámbito donde estará representado cada actor del sistema tanto público como privado, instituciones intermedias, representantes Médicos y sanatoriales, obras sociales, medios de comunicación, partidos políticos, ONG y el usuario, depositario de todos nuestros esfuerzos. Nuestro sistema de salud tanto público como privado y de obras sociales está en condiciones de llevarlo a cabo, contando en el ámbito público en la ciudad de Centros de Asistencia Primaria con excelente desempeño integral, con un Hospital Público con un modelo de atención integral y con un servicio de Médicos Generalistas único en la región para su mejor articulación.
Aún el debate no comenzó, está abierto y pendiente de discusión, aguardando con premura e interés su tratamiento, debiendo ser prioridad para quienes dirigen los destinos del Municipio como así también del Honorable Concejo Deliberante, facilitando el tratamiento, intercambio de opiniones y resolución que el tema merece, entre todos, tendiendo puentes.-

El Dr. Hugo Eduardo Gorla es Médico Especialista en Urología – Médico Especialista en Administración en Salud – Magister en Administración en Salud

Comentarios

About the author  ⁄ Infoner