Tormenta perfecta

Hace poco más de una semana, la principal preocupación del Ministerio del Interior era cómo compensar en el Presupuesto 2019 a las provincias, y a los municipios, por la eliminación del fondo sojero destinado a obra pública. La semana pasada, nuevamente, el mercado cambiario se nos adelantó con la corrida al dólar que el Gobierno no supo anticipar y sus efectos se volvieron inevitables en los planos político-económico y social.

Por Marisol Gonzalo – Lic. en Administración y Contadora.

 

Hasta ahora, el mensaje oficial se debatía entre la convicción de la necesidad de estabilizar al mercado y la defensa a ultranza de un régimen de flotación (libre juego de oferta y demanda) de la moneda, el cual sigue generando estos saltos en su cotización. El Gobierno viene atento a bajar el déficit fiscal y a conseguir dólares, pero los mercados están mirando más al manejo de la crisis, a las derivaciones de los “cuadernos”, a la parte psicológica. Hablan lenguajes muy distintos y no llegan a congeniar.

Como en tantas otras ocasiones, vamos detrás del problema.

De esto se trata el próximo paquete de medidas que tiene como fin adelantar al año que viene los desembolsos previstos por el FMI para 2020 y 2021. En esta misma línea se pretende avanzar en una reducción del déficit fiscal para 2019 el cual se buscará llevarlo al 0,5% (1,3% es lo que estaba previsto). Resulta crucial y urgente evitar medidas llevadas a cabo a través de la “prueba y error”, y, sobre todo, necesitamos que las autoridades otorguen señales políticas que vislumbren las próximas medidas económicas concretas en pos de acelerar la convergencia fiscal (equilibrio) y clarificar el programa financiero.

En una economía extranjerizada en un 65 por ciento y con una fuerte dependencia de la divisa estadounidense, una devaluación como la de esta semana que pasó no es un tema menor.

La devaluación del peso en lo que va de este año es la más grande desde la salida de la convertibilidad.

El dólar es el tema tabú de los argentinos. Es un símbolo de la confianza. Todos, aunque no veamos ni un billete de esta moneda estamos pendientes de sus fluctuaciones, es nuestro norte, lo seguimos. No confiamos en el peso. Lamentablemente, nuestro signo nacional no existe más; representa sólo una referencia colateral que sirve como “moneda de cambio”.

Ventajas y desventajas

Producto de la fuerte devaluación sufrida por del peso, Argentina recuperó la competitividad cambiaria de 2010. Esto favorece a que la producción argentina mejore su perfil exportador con un dólar cercano a 40 pesos, aunque la contracara es que se profundiza el contexto recesivo e inflacionario a nivel interno. Tengamos en cuenta que el atraso cambiario no solo encarece la producción nacional e incentiva las importaciones, también ahuyenta a la inversión extranjera. Se estima que se necesitarán entre US$10.000 y 13.000 millones adicionales además de una cantidad importante de pesos para cerrar las cuentas hasta el año próximo.

Claro está que lo que necesita el país es que ingresen dólares genuinos, es decir obtenidos por su oferta de bienes y servicios al exterior, y no que provengan exclusivamente de las divisas que entran por crédito externo o inversión financiera.

Atención al impacto social

Más allá del renovado acuerdo con el FMI que resulte de las nuevas propuestas y la posterior aprobación del presupuesto 2019, el Gobierno deberá enfrentar en lo inmediato otro frente de tormenta que ya se desató en todo el país como producto de la fuerte devaluación y cuyo efecto inicial es: el incremento de la pobreza que golpea amplios sectores de la sociedad, la cual volvería a los niveles del 2015. Desde el gobierno aseguran que ya está previsto para octubre un aumento de los planes sociales, la Asignación Universal por Hijo (AUH) y las pensiones. No obstante esto, se deberían tomar “medidas de emergencia” para atender de inmediato a los sectores desprotegidos tales como congelar el precio de alimentos imprescindibles de la canasta básica, dar créditos a porcentajes muy bajos para reactivar a los sectores vulnerables, entre otras medidas. A esto se le sumará la tensión, con la consiguiente carga de conflictividad social, que generará el paro nacional del 25 de septiembre anunciado por los gremios nucleados en la CGT.

Algunos de los lineamientos sobre los que girarán los anuncios de esta semana:

La baja de gasto vía menores subsidios, reducción de la obra pública y menores gastos en la estructura política se mantiene como estaba previsto en el original acuerdo aunque es muy posible que se avance con recortes adicionales en los gastos del Estado y se le pida un esfuerzo extra a provincias y municipios en la misma dirección.

Por otra parte será imprescindible la generación de nuevas fuentes de ingresos vía incremento de impuestos, acá es dónde radica la mayor expectativa en cómo se llevará a cabo. El caso más notable será el de las retenciones.

Además se está hablando de un posible aumento en la alícuota de Bienes Personales, llevarla al 1% (actualmente en 0,25) pero se cobraría exclusivamente sobre la tenencia de activos en el exterior, como cuentas o inmuebles. Al mismo tiempo se frenaría la baja de impuestos prevista en la reforma tributaria, junto al pacto fiscal firmado con las provincias (Ingresos Brutos y Sellos, principales impuestos provinciales).

Y está por verse qué pasa con la reducción de la carga de aportes patronales, que también tenían un cronograma de reducción gradual para las empresas, a través de un aumento del mínimo no imponible. Conseguir el equilibrio fiscal a través de impuestos se vuelve mucho más difícil en un contexto recesivo, ya que la baja del consumo afecta la recaudación.

La idea es presentar todo el paquete ante el FMI y luego de esto habrá que enfrentarse con el proyecto de Presupuesto 2019, que se supone también tendrá metas de crecimiento e inflación distintas a las que figuraban en el acuerdo original con el Fondo. Claro está que para esto el Gobierno necesitará del apoyo de los gobernadores y varios sectores.

Pasada la fuerte tormenta y una vez que se estabilicen las variables económicas con este “súper dólar”, queda el desafío de mantener la competitividad lograda con una baja de la inflación y una recuperación del salario real, muy castigado durante el 2018.

La “contracara positiva” de la devaluación del peso podría llegar recién en el segundo trimestre del año que viene con una reactivación de la economía si es que aumentan las exportaciones.

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