ULTRAMARATONISTAS SOLIDARIOS

En Instagram son @yosoy1000km. Ella se llama Martina y él Mauricio. Son ultramaratonistas y corrieron 1009 kilómetros. Literal. Salieron de Posadas para llegar al Planetario, en Buenos Aires. En el camino ayudaron a cinco escuelas rurales.

Por Sabina Melchiori

Ella es Martina Kras, diseñadora gráfica y mamá de dos, según indica su perfil. Él es Mauricio Buceta, emprendedor y también papá de dos. Son amigos, viven en Ingeniero Maschwitz, les gusta correr y ayudar, por eso planificaron una travesía deportiva y solidaria que lograron exitosamente.

Los encontramos en Gualeguaychú, a las 9 de la mañana, listos para emprender uno de los últimos tramos de los mil kilómetros que se propusieron al planificar cada uno de los 23 días que les llevaría recorrer trotando, prácticamente de punta a punta, la Mesopotamia argentina.

Habían desayunado y los acompañaba una masajista que, al igual que los auxiliares anteriores, los fue escoltando –desde Colón- manejando una camioneta, atenta a cualquier necesidad como agua, frutas o asistencia.

Se los veía bien físicamente y satisfechos por estar a punto de lograr la meta. “Yo tengo hambre y sueño todo el tiempo y estoy transpirando ácido láctico, pero voy a llegar, después descansaré un par de semanitas”, expresó Martina.


UN DESAFÍO DEPORTIVO Y SOLIDARIO

“Corremos hace muchos años pero, buscando nuevos desafíos, se nos ocurrió hacer mil kilómetros y a la vez ayudar a escuelitas rurales”, contó Mauricio.

Pero una idea es una idea y para llevarla a cabo hace falta organización. Martina y Mauricio estaban convencidos y seguros de lo que querían hacer, se tenían fe y tenían ganas. Buscando un punto en el mapa a mil kilómetros de casa, dieron con Posadas, la capital de Misiones, y así fue cómo establecieron el lugar de partida.

A las escuelas rurales las contactaron gracias a APAER, una ONG que tiene el objetivo de lograr que los alumnos de las escuelas públicas rurales puedan completar la escolaridad obligatoria y eventualmente de grado, apoyando su desarrollo en su comunidad, desalentando el desarraigo. En pocas palabras: alcanzar la igualdad de oportunidades y equidad social.

“Ellos tienen un relevamiento, por eso los llamamos y ellos nos pusieron en contacto con escuelas que coincidían con nuestra ruta, la ruta 14”, explicó Martina, quien agregó que encontraron “muchas necesidades, te quedás con gustito a poco porque al llegar te das cuenta que necesitan mucho más. El tema edilicio está resuelto, pero después los dejan a la deriva, estaría bueno tener una continuidad de ayuda con estos lugares, ojalá podamos nosotros pero es complicado porque tenemos cada uno su familia y tenemos que volver a trabajar”.

LAS ESCUELAS QUE RECIBIERON AYUDA

  • Escuela 567 de Paso de Las Piedras, Curuzú Cuatiá
  • Escuela 951, de Mocoretá
  • Escuela 938, de Sauce
  • Polideportivo de Sauce
  • Escuela 14, Zárate


Cada alumno de cada una de esas escuelas recibió una caja (todas iguales y con el mismo contenido) llenas de donaciones de los padrinos que Mauricio y Martina se ocuparon de conseguir cuando toda esta travesía era tan solo un plan. Un padrino o madrina por estudiante. 180 en total. A esas cajas, además de ponerle elementos que consideran básicos, como útiles y material deportivo, les sumaron juguetes y golosinas. “Y llevamos alguna caja de más por las dudas que apareciera un alumno más o un hermanito, como nos pasó”, recordó Martina.

Respecto de esa experiencia (la solidaria sumada a la deportiva), Mauricio dijo que “es una mezcla continua de emociones. Corriendo te emocionás, y llegás a las escuelas y te emocionás” y finalmente aseguró: “Esto fue un disparador para seguir haciendo cosas desde lo deportivo y desde lo solidario”.


Comentarios

About the author  ⁄ Infoner