Una noticia que apesta

Lavarropas, heladeras, ventiladores, reposeras, botas, sandalias, zapatillas de cuero, camisas, pantalones, cuadernos, todo tipo de juguetes y más. No es la promo de un centro comercial, es la descripción de un microbasural.

Por Sabina Melchiori

Son terrenos baldíos o cuadras enteras – y a veces más- de la periferia de la ciudad, adonde la gente que no vive en la zona llega pura y exclusivamente a tirar basura. La llevan en bolsas en el baúl del auto o en la caja de la camioneta, otros en carro, y la dejan ahí, al costado o sobre la calle misma, de este o de aquel lado del alambrado, da igual. Es tan rápido el trámite y tan pocos los vecinos que pueden llegar a verlos, que las denuncias no llegan a hacerse y las sanciones menos.

«Si, corazón, esto es así siempre. Los de la Municipalidad vienen, limpian, y al otro día hay basura de nuevo», dijo una vecina de Teresa Margalot al 2.400 que frenó su bicicleta -entre medio de restos de cuadernos escolares y bolsas de nylon– para hablarnos de este problema ambiental que tienen en la zona. Un olor asqueroso cuyo origen era difícil de identificar, circundaba la charla. Podrían haber sido los pañales, pues se veían muchos por entre las bolsas rotas por los perros, o por las ratas, o por ambos.

Un poco más allá, al lado de unas chapas oxidadas que vaya a saber qué tipo de carcasa supieron ser, aguardaban pacientemente su descomposición tres pares de zapatillas de niño y un par de sandalias de dama. Probablemente sus dueños hayan sido los mismos que los de toda esa ropa que también estaba tirada por ahí.

Unos metros más hacia el sur, en calle Périgan, el paisaje se repetía: pastizales, montecito y un camino de tierra repleto de basura, aunque de mayor volumen y valor (en su vida anterior). Acá había que abrirse paso por entre cubiertas de autos, esqueletos de heladeras, estufas, lavarropas y ventiladores.

«Aparentemente vienen de noche a tirar la basura porque a veces cuando queda limpio, al otro día cuando llevo los chicos a la escuela ya hay basura de nuevo», dijo una joven madre de una casa del lugar. Ella asegura que quienes hacen eso de arrojar basura ahí no son vecinos suyos: «Vienen en autos, abren el baúl y la tiran, no te da el tiempo de nada; la otra vez cuando vi a uno, le dije que no podía hacer eso y me dijo de todo».

Esta práctica, aparentemente muy arraigada en muchos, está prohibida. La basura de Gualeguaychú debe llegar toda al Ecoparque y para ello pasan los camiones recolectores por la puerta de casi todas las casas de la ciudad. La basura electrónica debe ser llevada a la nave 1 de los galpones del puerto desde donde se envía a Buenos Aires para su reciclado. Y en caso de no querer desprenderse del inexplicable deleite de cargar la basura en el auto y llevarla a algún sitio alejado, insistimos: que sea al Ecoparque.

Comentarios

About the author  ⁄ Infoner