Un émulo de Sibila con marca entrerriana

La historia nos muestra que en la mitología griega y romana figura una mujer llamada Sibilia, poseedora del don de la profecía, bajo inspiraciones divinas. Miles de años después y quien sabe con qué poderes ha sido investida, la política entrerriana alumbró una figura que se atribuye poderes proféticos. Y que además, transcurrido el tiempo procura certificar que sus anticipos apocalípticos terminaron cumpliéndose. Nada dice sobre las fenomenales coimas K.

 

Por Luis María Serroels

ESPECIAL para INFONER

 

Desde otra óptica –que no requería por cierto ostentar propiedades sibilinas-, fueron muchos los argentinos que vaticinaron que en el gobierno kirchnerista se había enseñoreado un modelo de corrupción  inédito que terminó saqueando las arcas del Estado y cuyos protagonistas desfilan hoy por los estrados de la calle Comodoro Py en la zona porteña de Retiro.

Quien proclama sus capacidades como futurólogo, el dos veces gobernador de Entre Ríos Sergio Urribarri (2007-2015), no atinó a predecir su propio destino que hoy, crudamente, lo ubica en un sitio muy riesgoso a partir de graves denuncias recaladas en los tribunales paranaenses.

Una mínima cuota de poder de adivinación le hubiese evitado caer en vulneraciones legales calificadas debidamente por los hombres de la justicia y que sólo por  la incomprensible dilación judicial –por otra parte débil frente a las consabidas chicanas leguleyas-, vienen quemando días, meses y años sin resolverse.

Admítase por ser necesario: hoy Urribarri es inocente, simplemente porque no se le ha probado lo contrario. Pero el planteo es simple: ¿qué clase y nivel de inocencia puede ostentar un hombre público que rehúye (con la complicidad de sus pares) despojarse de sus fueros para sentarse frente a los jueces y fiscales? ¿Ignora que en su caso se debe invertír la carga de la prueba? ¿Qué grado de autoridad se adjudica  alguien para juzgar a terceros, en tanto no se avenga a generar los argumentos que posibiliten conservarle autoridad moral y consecuentemente enfrentarse cara a cara con la ley, salvando su honra y limpiando su nombre?

Cuando un hombre público es aludido por un presunto enriquecimiento ilícito y acciones incompatibles con su función, se supone que para lavar su honor al día siguiente arribaría a las puertas del juzgado antes de que llegue el juez. ¿Nunca sospechó el ex mandatario que “algo olía mal” en el seno del kirchnerismo más rígido? Y, en paralelo, ¿tampoco tuvo interés en asesorarse adecuadamente con algún jurista de confianza sobre los preceptos que condicionan la acción de gobernar cuando se desvía de carril hacia vías por donde circula la corrupción?

Ya sea por una deficitaria política  comunicacional, un impulso inicial de generosa condescendencia o quién sabe qué factores, el silencio macrista que cobijó los más graves descalabros del kirchnerismo tuvo –como lo anticipamos desde el inicio mismo de su gestión-, un efecto dañino con características  de boomerang.

El profeta provinciano, acaba de señalar que “nadie puede sorprenderse ahora de que la respuesta del gobierno nacional sea más ajuste”, añadiendo que “todos los que deliberada o pasivamente acompañaron este modelo económico de ajuste evitan mencionar que la crisis que estamos viviendo se debe a la fuga de capitales, a la desregulación del mercado financiero y cambiario y a la apertura indiscriminada de importaciones”. Y remató que “nos decían agoreros a quienes advertíamos que este proceso conducía al desastre, cuando en realidad estábamos defendiendo los derechos de los argentinos”.

Lo más desopilante y desvergonzado de los dichos del ex mandatario con su mágica intuición política, fue cuando pontificó que “gobernar es hacerse cargo, así que de una vez por todas asuman los costos de las decisiones que tomaron y que toman y dejen de transferir responsablidades, pero principalmente que se ocupen de solucionar los problemas que le han generado a la mayoría de los argentinos”.

No debería dudar Sergio Urribarri de que los argentinos sabrán en su momento expresar en las urnas su anuencia o rechazo a esta política. Pero mientras tanto es preciso que les explique a sus comprovincianos de la situación calamitosa en que dejó las arcas del Estado provincial, con una pesada deuda pública y con un patrimonio personal y familiar que, al no rendirle cuentas a la justicia, se torna cada vez más sospechoso y justifica la desconfianza ciudadana.

¿Puede explicar el actual Presidente de la cámara baja, qué fórmula mágica que no sea el ocultamiento malicioso de las cuentas del Estado nacional hubiesen aplicado tanto él –en un momento candidato de CFK a la presidencia y abruptamente descartado- como quien lo reemplazó, para solucionar los gravísimos problemas que finalmente dificultaron los planes del nuevo gobierno?

¿Cómo estarían hoy los argentinos? Muy simple: ajenos a la colosal corrupción organizada que asoció a funcionarios, empresarios, jueces, presta nombres y ladrones de guante blanco, mientras la ex Procuradora General seguiría tapujando las maniobras más corruptas, obturando el camino hacia los tribunales. No habría arrepentidos ni alcahuetes útiles y, por si fuese poco, estarían en libertad los encargados de robar para la corona, es decir, para la más alta autoridad de la Nación. El mismo Daniel Scioli –parte del programa “roban pero hacen” (donde se citan 120 obras públicas sometidas a fenomenales coimas)- tendría sus acusaciones archivadas para siempre.

El pitoniso Urribarri, tan sólo un día después de sus declaraciones, debió sufrir la revelación periodística de que producto de su revolucionaria gestión en la línea aérea provincial y tras un reclamo de Sideco Sudamericana S.A. del grupo SOCMA (Macri), por incumplimiento de contrato de leasing de un avión de Laer, debió enfrentar el pago de casi 3 millones de dólares, en los cuales figuran casi 500.000 verdes para abonarle al abogado actuante. El caso involucra, aparte del ex gobernador, a varios de ex colaboradores de su administración.

Queda claro que la capacidad profética del actual legislador, no le advirtió sobre los avatares que lo persiguirían y que hoy lo inhabilitan para denostar a sus adversarios políticos.

En abril de 2014 y sintiéndose ya futuro presidente, Urribarri viajó a Estados Unidos para dialogar con el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz,  sobre la situación, oportunidades y retos de la Argentina. Ni siquiera llegó a candidato, pecando de haber vendido los pollitos antes de echar la clueca.

 

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