Un gualeguaychuense y el “camino de solidaridad” hacia el Papa

Mediante un “camino de solidaridad”, jóvenes universitarios argentinos prepararon su encuentro con el papa Francisco en Chile. Con el sueño de “cambiar el mundo”, miembros de la ONG “Universitarios para el Desarrollo” peregrinaron al país vecino realizando acciones solidarias en el camino.  Esta ONG lleva más de 20 años trabajando en distintos lugares del país (San Antonio de los Cobres, Macomita, Islas del Ibicuy, El Bolsón y otros, en distintos años). Fue fundada por el gualeguaychuense Fernando Toller, quien lidera este viaje al Sur a realizar trabajos solidarios y especialmente, encuentro de hermanos con poblaciones menos favorecidas. El grupo planificó su viaje 2018 con la idea de peregrinar, cruzar las montañas y participar de la llegada del Papa Francisco a Temuco, en Chile.

Se trata de un grupo de 50 jóvenes argentinos y de otras nacionalidades, de la ONG Universitarios para el Desarrollo. Inspirados en el mensaje de san Josemaría, los miembros de Universitarios para el Desarrollo realizaron un “camino de solidaridad” que culminó en Chile pero que realizó obras solidarias a su paso.

Antes de ir a Temuco, los jóvenes hicieron una estadía de diez días en El Bolsón, localidad ubicada al sur de la Argentina, donde realizaron iniciativas de ayuda a los más necesitados en preparación al encuentro con Francisco, en la misa celebrada esta mañana en el aeródromo de Maquehue, Temuco.

Solidaridad, entrega a los demás, amor, compromiso social, son cualidades que han marcado el legado de este pontificado y también el lema de estos jóvenes, que se encontraron con el Papa al cruzar la frontera hacia Chile.

El fundador y director de Universitarios para el desarrollo, Fernando Toller, abogado, profesor universitario, cuenta que desde hace 20 años la organización impulsa viajes solidarios para realizar actividades sociales en zonas vulnerables. Este año en El Bolsón continuaron con la construcción de una escuela de carpintería y una sala cuna que iniciaron en viajes anteriores, ya que son varios los que han realizado hasta este lugar; pavimentaron una multicancha, refaccionaron la Iglesia, pintaron la escuela, entre muchas otras actividades. Con la intención de “poder cambiar el mundo”, los jóvenes dieron detalles de esta aventura y manifestaron sus deseos de encontrarse con su compatriota, el Papa.

Tomás Barberini tiene 16 años y vive en Quilmes. Nacido en Neuquén, cuenta que vive en Quilmes, “porque mi familia es ‘familia de misión’, del Camino Neocatecumenal. Tengo 14 hermanos y soy el penúltimo. Vivimos en una villa tratando de imitar lo que es la Sagrada Familia, que vivían en humildad sencillez y alabanza”, expresa el joven, que verá por segunda vez al Santo Padre, con la ilusión de que este encuentro refuerce sus creencias y les brinde esperanzas para seguir.

Edgard Magaña, por su parte, tiene 20 años y es de El Salvador. Se encuentra en la Argentina estudiando Administración de Empresas y relató que ha participado en la construcción de pequeñas obras para personas de bajos recursos. “Me movió ir a ver a Francisco porque es la primera vez que conoceré a un Papa. Actualmente estamos viviendo un momento muy difícil en el Salvador: altos índices de violencia, mucha delincuencia, y necesitamos un poco de paz. Le pediré en este encuentro al Santo Padre que nos traiga esa paz que sólo lograremos con la ayuda de Dios”, detalló.

Nicolás Omar Gómez, de 19 años y oriundo de Mar del Plata, de día trabaja como portero en un edificio y por la noche asiste a la universidad. Comenta que comenzó a trabajar a los 12 años, al principio juntando cartones en la calle. “Nunca he visto a un Papa y creo que es una de las mejores cosas que me puede pasar en la vida. Luego de verlo estoy seguro que cambiaré como persona, en mi trabajo, en mi oración”, relató con entusiasmo.

Isaac Moreira, 19 años, vive en la ciudad de Rosario. “Estudio Medicina y desde los 11 años toco violín. Soy evangélico-pentecostal. La religión para mí no es un límite para compartir con los demás. Vivo en un barrio humilde, a las afuera de Rosario. Mi papá es pintor de la construcción y mi madre, empleada doméstica. El proyecto de El Bolsón superó mis expectativas, es algo gratificante poder trabajar por un bien solidario.

Siempre tuve deseos de conocer al Papa. Lo veía imposible y ahora saber que podré estar a pocos metros es muy fuerte. Creo que viéndolo cambiaré la forma de ver la vida; nos va a trasmitir que alrededor nuestro hay gente buena y en búsqueda de la paz. Siempre he tenido gran admiración por Francisco, por su humildad, su forma de ver a las personas, sin importar la religión. Es una persona de interés mundial, que mira corazones.”

Parte del grupo de jóvenes, esperando al papa en Temuco

En su paso por El Bolsón, los jóvenes estuvieron acompañados por el padre Emiliano Hong, coreano, sacerdote de la Prelatura del Opus Dei. “A 19.000 kilómetros de mi ciudad natal, Seúl, compartí con este grupo la enorme ilusión por el encuentro con el Papa Francisco en Temuco”, dijo.

“Fuimos a El Bolsón con el fin de crear más espacios de encuentro y solidaridad. Fueron dos semanas muy intensas de trabajo. Como siempre, los chicos se dan cuenta de que la generosidad y la solidaridad impulsan lo mejor de uno mismo y el contacto con los más necesitados los edifica, abre sus mentes y corazones”, manifestó el sacerdote.

El padre Hong, que participó hace tres años en la organización de la visita del Papa a Corea, consideró que “fue impresionante el efecto de sus palabras y sus gestos, en un país de minoría cristiana”. Sus valores espirituales, destacó, fueron un modelo para millones de personas. Por ese motivo, cree que “en el encuentro con los chilenos dejará la huella de un hombre que viene a sembrar un mensaje de la grandeza de una vida cristiana vivida íntegramente”.

En Corea se hablaba después de la visita papal del “Síndrome Francisco” sobre el efecto que produjo, sobre todo por su sencillez, la calidez de su mirada y la fuerza de sus palabras. Las parroquias se llenaba de catecúmenos y la Iglesia creció en presencia social. Por primera vez en la historia del país se celebró un acto religioso -la beatificación de un nuevo grupo de mártires- en la Plaza Mayor de Seúl, al lado del Palacio Real, precisamente en el mismo lugar en el que los mártires fueron sentenciados a muerte doscientos años atrás. Muchos jóvenes, que buscaban el brillo de una cultura de consumo comenzaron a reflexionar sobre la hermosura de los zapatos gastados de Francisco”.

Fuente: AICA

Fotos: Infoner

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