UN SISMO ELECTORAL CON OLOR A REVANCHA

Siempre que sucede un acto electoral, como es lógico, surgen rostros rebosantes de alegría por un lado y por el otro, resignados frente a la derrota. Existen sufragios surgidos de la racionalidad, del corazón y de la capacidad reflexiva. Pero también, aunque se lo discuta y debata, los que provienen del estómago, órgano muy sensible cuando se analiza la economía. Mauricio Macri nunca supo o no quiso explicarle a la ciudadanía –más allá de la enorme cantidad de obras públicas encaradas (y finalizadas)-, el porqué de la caída al aljibe de la escasez de amplios sectores que pasaron a integrar la mortificante franja de los pobres de solemnidad. Ese solo rubro degradante resultó una herramienta útil para una oposición que en épocas no lejanas en su rol de gobernante, cometió hechos delictuosos que aún hoy no han sido castigados debidamente por la justicia, convirtiendo a la ley en letra muerta. El macrismo confió demasiado en su gurú y allí debe buscarse el sacudón del pasado domingo. Además, su equipo de comunicación resultó flaco de idoneidad. Queda un par de meses para rectificar el rumbo. ¿Habrá un Plan B?

Luis María Serroels
Especial para INFONER

Nunca imaginó Mauricio Macri que su tendencia inicial a suavizar su discurso sobre las fechorías de Cristina Fernández en el poder –en especial el cúmulo de juicios abiertos y las más de cincuenta denuncias- especulando con que a las urnas de 2019 arribaría políticamente averiada, le jugaría en contra. Sus grandes logros –que los ha habido sin duda- soslayaron un aspecto vital del arte de gobernar: el corrimiento de grandes franjas sociales hacia escalones inferiores. Las obras públicas y la reinserción en el mundo con la apertura de más de 150 mercados para las exportaciones nacionales, se opacaron por la dureza de una política económica no explicada con claridad. La progresiva escalada del dólar –que debía aumentarse pero no en la medida a la que arribó- y los consecuentes incrementos en rubros básicos de consumo masivo, más el abanico de impuestos y tarifas (el combustible ha sido un castigo casi cotidiano), actuaron negativamente a la hora de pedirle el voto a los argentinos.

Su Talón de Aquiles siempre fue el creer que todo iba bien cuando no iba tan bien.

No hablamos de impericia sino de falta de realismo. Pero ello no significa que el estado de las finanzas y las reservas hallado en 2015 haya sido un vergel. Y eso es lo que faltó divulgar crudamente. El error que se cometió en los comicios de las discutibles PASO que demandaron un innecesario gasto de 3.000 millones de pesos, fue instalar la idea de que el kirchnerismo y sus aliados era una opción, cuando fue parte esencial de la hecatombe que sepultó en 2015 las ilusiones de Daniel Scioli.

El nuevo cuadro presenta hoy el retorno de Alberto Fernández, quien otrora no ahorró públicos agravios de todo pelo contra CFK tras abandonar su cargo; Sergio Massa, otro apóstata que siempre supo eligir la vereda del sol y Felipe Solá, un todo terreno a la hora de arrimar agua para su molino. La semana pasada se habló del plan de contingencia que reservaba el gobierno según fuese el resultado electoral. Pero la realidad siempre tiene cara de vendetta. La reacción de los mercados, la caída de las acciones argentinas y la estampida del dólar, suponen un mensaje que debe ser descifrado urgentemente.

Si este cachetazo se hubiese producido en las elecciones definitivas de octubre donde se legitimarían las nuevas autoridades, quizás las respuestas de los mercados hubieran tenido alguna explicación. Ergo: si ello ocurre apenas al día siguiente de las primarias significan dos cosas: que ya dan por seguro el triunfo del cristinismo y que ello explicaría poner en marcha un plan de contingencia acorde con la situación. Sería absolutamente injusto desconocer todos los avances logrados por Cambiemos en diversos aspectos, pero como la glándula más sensible de los desposeídos siempre está ligada al estómago, más otras prioridades primarias como son los alimentos, la vestimenta a prueba de frío y el derecho a la salud y a una adecuada medicación, la realidad mata deseos.

Las grandes obras de acero y cemento realizadas resultan imprescindibles, pero no le solucionan el hambre a miles de familias cuyos vástagos de barriguita silbadora son las principales víctimas.


Tan legítimo como el resultado en las urnas del pasado domingo, fue el de 2015 que impidió la continuidad kircherista. Quizás un repaso por el estado que en distintas áreas del gobierno, las finanzas, las reservas y la deuda externa halló Cambiemos, pondría mayor claridad a la hora de proyectar e interpretar los resultados de estas innecesarias y costosísimas primarias.

La descortesía y dureza con que Alberto Fernández arremetió contra Macri en sus mensajes por TV, se diferenció de la benevolencia del actual mandatario prescindiendo en su campaña de menciones hirientes hacia quien gobernó hasta el filo de 2015. La memoria es una formidable auxiliar de la verdad.

Se escuchó por ahí reflexionar sobre qué tan buena habrá sido la situación del país en ese entonces, para que el candidato K fuera vencido tras una gestión ininterrumpida de 12 años.

Aunque pueda molestar a muchos, no sería disparatado afirmar que si de reaccionar se trata, no le alcanza a los Fernández argumento alguno para erigirse en salvadores. Quienes aseguraron que la única gran opción era el cristinismo, cometen un error de base, porque si su espada de 2015 fue rechazada y el devenir de los días mostró un nivel de corrupción nunca visto, mal puede convertirse hoy en solución.

La rabia es natural cuando se debilita la razón.


¿Pudo haber sido Roberto Lavagna la medida equidistante ideal para encarrilar la economía y atemperar los ánimos? En sus spots hablaba de lo malo y lo peor, obviamente adjetivando a las dos fuerza mayoritarias. Con el diario del lunes todo el mundo es sabiondo. Aunque han sido etapas diferentes, apellidos diferentes y realidades históricas distintas, ¿cómo se logra legitimar una autoridad moral suficiente cuando los números de hace cuatro años fueron lapidarios? El dolor y la rabia de CFK la impulsaron a alejarse de la Reina del Plata para no sufrir el traspaso del mando a Mauricio Macri en el diciembre de 2015.

Un dato importante poco citado es que a partir de diciembre venidero la composición parcial de las bancas del Congreso será modificada, abriéndole posibilidades a proyectos que sistemáticamente se han rechazado pero que ahora tendrían suficiente aval.

La suma de boletas del domingo 11 de agosto no modifican un pasado lleno de interrogantes. El problema en ciernes se presentará por una eventual concentración del poder a partir de fin de año, donde se sancionarán leyes que podrían generarán provocar duros enfrentamientos verbales (lo que menos necesita la sociedad).

El objetivo de mínima del macrismo y sus aliados es hoy llegar a un ballotage. Se asienta en que la merma de 4 puntos del “fernandismo” y la recuperación de otros 4 del macrismo, obligarían a una segunda vuelta. Encuestadoras: por ahora abstenerse.

Una última reflexión: ¿cuándo los jueces se atreverán a determinar la eventual culpa o la inocencia de una ex presidenta que se ha pasado cuatro años gambeteando la ley imputada de graves delito? Ello es lo que robustece la idea de arreglos espurios. La realidad es un tábano que no cesa de molestar.

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