Una forma de sanar

La historia de la humanidad está plagada de belicosidad por la inherente ambición que llevamos en nuestros genes.
Las cruentas batallas de “conquistas” de territorios y usurpaciones siempre estuvieron atravesadas por el brazo sanador de las culturas que se mezclaron y amalgamaron durante siglos, primero de manera violenta, y luego como parte de una aceptación mutua elevándose como valor en medio de tanto dolor. Nueva tradición, tradición: movimiento.

 

Por Damián Lemes, músico y arquitecto.

Obsérvese en Europa, por ejemplo, la influencia musulmana en la arquitectura. Arte mudéjar, fruto exquisito y refinado no buscado, ya que tuvo su origen en el sonido de la espada despenando semejantes “en nombre de cada Dios”.

En América, conocimos de España el concepto de urbanismo fundacional y hasta uno de nuestros mayores valores inmateriales: la palabra.

En otras ramas del arte como la música, África, el continente esclavizado, modificó para siempre el concepto de música popular en el mundo simplemente cuando comenzaron a tocar y cantar para, de alguna manera, volver.

Es por eso que se me ocurre pensar que esa dicotomía está presente y debemos reflexionar cada vez que observemos un monumento arquitectónico o cualquier otra obra de arte.  Poder ver, además de lo evidente, la concatenación de pequeños y grandes hechos a lo largo de los siglos que se han dado para que hoy estemos parados frente a ella, vistiendo como vestimos, hablando nuestro idioma y con nuestro nombre y apellido.

Todas son causalidades alimentadas por siglos de júbilo, sangre, tambores, fuego, poder, amor, desvelos, ambiciones, muerte, llantos y carcajadas de los unos y los otros, de ambos bandos, donde siempre primó una especie de ley de la selva.

Ese crisol se dio en las artes y los oficios transformando las maneras de ver el mundo y dejando su legado inmemorial. Mas hacia el presente, Argentina y muy particularmente, Entre Ríos, es una provincia en donde la consecuencia indirecta de las guerras y la hambruna de otras regiones fue ser la de ser la tierra de oportunidades en donde vinieron miles de personas con todo ese fuego cultural dentro sin saber de su magnitud.

Seguimos siendo protagonistas, aunque en tiempos de paz, de este brazo sanador que es nuestra cultura.

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