Una persona deleznable y perniciosa

“Todos los ciudadanos son iguales ante la ley”, reza un sabio precepto constitucional. Pero los desvíos morales a que se ha venido aferrando la mala política han determinado que algunos se sientan “más iguales” que otros. Y entre el abanico de situaciones que poco a poco van alejando a la ciudadanía del interés por intervenir en la cosa pública y compartir responsabilidades cívicas, están las prebendas que convierten a ciertos caciques que pululan en la política, en ciudadanos de primera e impunes ante las leyes a la hora de programar sus viajes por la ruta de la inmoralidad y el abuso. Hoy está más firme que nunca una persona (D.G.) con identidad reservada para el final y cuyos discípulos crecen casi exponencialmente, secundados por las mellizas llamadas Corrupción e Impunidad. En sus redes caen militantes de cualquier color partidario.

 

Luis María Serroels
Especial para INFONER

 

A este personaje se le metió en la cabeza que la igualdad ante las leyes es sólo una enunciación formal, ignorando que la única desigualdad es aquella que deriva del juego de virtudes y maldades, aciertos y errores que las prácticas políticas ponen sobre el tapete.

La contienda electoral en marcha exhibe, como siempre, modalidades discursivas y líneas estratégicas diversas no siempre compatibles con la ética, la seriedad y la verdad. Todo vale a la hora de captar sufragios. Pero el recelo lleva a reflexionar que la promesa más seductora menos confiable resulta.

Esa persona de que hablamos (todavía en el anonimato) va indicando en qué momento salir a recorrer lugares –que en cuatro años nunca se visitaron- abandonando sus despachos; inaugurar obras que deliberadamente se postergaron para las postrimerías de los mandatos; repartir beneficios que se hallaban agendados para la campaña; copar medios de comunicación con una lluvia de mensajes que apuntan a convencer al elector indeciso y algún que otro spot con ditirambos propios y ataques contra el competidor más peligroso.

 

Las órdenes y enseñanzas de la tal D.G. (probadas en combate) devienen de siglos y sus réditos siempre son suficientemente jugosos como despreciarlos. Siempre habrá un punto de confluencia en las promesas edulcoradas con frases muy bien elaboradas por las agencias. Aquí cabe efectuar una aclaración necesaria. En el caso de los mensajes oficiales de cualquier orden (municipal, provincial o nacional), que demandan altos costos del erario público, debe diferenciarse –al momento de su justificación- cuándo se trata de “publicidad de los actos de gobierno” y “derecho a la información” preceptuados por nuestra Ley Suprema y en qué circunstancia se trata de una “agresiva y superabundante propaganda que incluye autoadjetivaciones que no siempre son bien vistas por la ciudadanía y que encima se solventa con recursos salidos del bolsillo de los esforzados contribuyentes. Los famosos gastos reservados que no se publican, qué destino y justificación tienen?

Esto, en cada turno de gobierno del color que sea, proviene de las tácticas de doña D.G. y que además, se extiende al uso descarado de bienes del Estado para la acción proselitista en todas sus dimensiones: traslados, organización de mitines y toda la parafernalia ya conocida. Todo ello se acostumbra rociar con formas de peculado con el uso indebido de bienes inventariados por los organismos públicos y sometidos al uso y abuso de funcionarios en plena campaña.

No es cosa sin importancia, el abuso en la colocación de pasacalles en sitios prohibidos por ordenanzas: entre columnas de iluminación pública y sostenedoras de elementos indicadores del tránsito, además de árboles de la vía pública. No se puede esgrimir igualdad cuando se está vulnerando una norma.

Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias –que aún hoy se siguen cuestionando porque irrumpen en la vida interna y el funcionamiento de los partidos, ofreciendo resquicios para maniobras non santas, tanto como la tramposa Ley de Lemas-, también figuran en el protocolo nefasto de D.G. que muchos siguen al pie de la letra.

Argumentar que están sostenidas en leyes, no garantiza que sean buenas ni estén rociadas con sentido común.
Desde que se instauraron la PASO han ocurrido situaciones que desvirtúan supuestos buenos propósitos (si es que los tuvo).

Para llegar a la identidad prometida, es menester ir posar la mirada en las formas y hasta maquinaciones con fines de superar escollos y lanzar al costado del camino a los factores que ponen en dificultades determinados planes.

Existe un ardid que se utiliza como estrategia para alcanzar el poder político que consiste en apelar a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas del público en busca de apoyo popular. Un buen uso de la retórica, la desinformación, la agnotología (tratado de la ignorancia) y la propaganda, adosados al encolumnamiento mediante halagos al ciudadano, se tornó un instrumento generalizado inventariado en el libro de oro de las tácticas orales.

Aristóteles fue el primero en definir esta práctica como “la forma corrupta o degenerada de la democracia, que lleva a la institución de un gobierno tiránico de muchos o de unos que gobiernan en nombre del pueblo”. Es un fenómeno que, como hemos señalado, carga muchos siglos y aquel al que quepa el sayo que se lo calce.

Esa persona secular, indeseable, perniciosa y dañina para la diafanidad, honorabilidad y decencia política, tiene nombre y apellido: se llama Dema Gogia. Y es muy querida por no pocos por sus inestimables servicios prestados en la captación de adhesiones de cualquier manera. El anuncio del gobierno nacional de que se congelarán las tarifas del gas hasta fin de año, justo en medio de los actos comiciales, es una burda admisión de que responde al asesoramiento de esa dama que ostenta el título de asesora en travesuras electorales.

“El progreso social, el desarrollo e intensificación de los vínculos humanos, no pueden ser impulsados mediante falacias o engaños, estrategias mañosas (…) inducirán a las gentes a aceptar un sistema cuya mecánica no comprenden y que, de momento, abiertamente rechazan”. (Liberalismo-1927) Ludwig von Mises, economista, historiador y filósofo austriaco.

También se ocupó de estas cuestiones Tzvetán Todorov (crítico, historiador, lingüista y literato búlgaro-francés): “En el espacio público considero que practicar la demagogia populista en una suerte de discurso oscuro con apariencias de profundidad, transgrede un contrato”.

Hay políticos a quienes no parece importarles si se ofrece al electorado un plan maquillado como grandioso e inédito para terminar aferrados a la improvisación. Ignoran que con la mentira se puede llegar muy lejos, pero sin ninguna posibilidad de regresar.

 

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