Viejas y nuevas mañas electorales

Posando una mirada crítica sobre el desarrollo de las campañas electorales pre PASO, se llega a la conclusión de que una gran mayoría de la dirigencia política ha aprendido poco y nada sobre los códigos que deberían manejarse para que las propuestas se divulguen con respeto y prudencia. Hoy, transcurridas más de tres décadas y media de la recuperación democrática tras la larga pesadilla procesista, parece que a muchos no les interesan las reglas de la convivencia, el respeto por las demás fuerzas y el empleo de una dialéctica que sea compatible con la construcción de un ámbito sereno y pacífico a la hora de difundir ideas, planes y vocación transformadora. El fuego electoral les va quemando la cola de paja a no pocos. Y el todavía moderado interés ciudadano está a la vista, mientras una perceptible diáspora parece ser el fenómeno predominante.

 

Luis María Serroels
Especial para INFONER

 

Al menos hasta el momento, reaparece la vía de la denostación del adversario a falta de méritos propios. Y como frutilla rancia de un pastel olvidado, existen candidatos que aceptan plasmar un maridaje ideológico impuesto por la necesidad, aunque más tarde que temprano culminará en divorcio (pero por las dudas, sin separación de bienes).

La añeja práctica de hablar mal del contrincante es signo de una fragilidad doctrinaria y de un caudal intelectual muy módico. Esta mala costumbre no genera méritos propios y en todo caso emparda los defectos y el escaso calibre moral de quien se intenta sacar del camino.

Los candidatos que en cualquier categoría busquen su reelección y puedan exhibir una gestión más que satisfactoria y progresista, sufren un fenómeno muy trillado entre sus contendientes: acusarlo de lo que sea aunque no pueda probarse, chapaleando en el barro de la falacia. Y como única herramienta, prometen lo que íntimamente saben que no podrán cumplir.

La “pobreza cero” anunciada por Macri al asumir es una prueba, pero recordemos que el Indec “trucho” del kirchnerismo mentía y no medía la pobreza “para no estigmatizar a los pobres”, como decía Axel Kicillof. Una frase histórica digna de Ripley.

Hoy los datos dan cuenta de un creciente aumento de pobres e indigentes. Si esto es inevitable para transformar el país, que la carga sea distribuida y sean los ricos los que más aporten.

 

Mauricio Macri

 

Como siempre, se da una cuestión que opaca la limpieza exigible para que cada candidato se defienda con sus méritos y no colgado de laureles ajenos gracias a la tramposa “boleta sábana”, donde cohabitan capaces e incapaces. Las promesas de instalar mecanismos que garanticen pureza y hagan que la compulsa premie a los más aptos y, sobre todo, sin cuentas pendientes en los tribunales, se esfumaron.

Párrafo útil: hace unos años hubo altos funcionarios que se tomaron sendas licencias sin goce de sueldo para adentrarse en una campaña. ¿Y hoy? Sería saludable controlar el uso indebido de bienes del Estado para la acción proselitista, algo que ha sido un clásico en las tenidas electorales y que el Tribunal de Cuentas debería observar con detenimiento.

Discursos edulcorados pero falaces, con terminología trillada y un vocabulario extraído de moldes caducos, ya son viejos conocidos. Y encima entra en escena la política del contubernio por extrema necesidad, donde hasta se acepta sorber el gusto amargo del ajenjo si se le garantiza la tajada perseguida.

No es grato que hasta ahora nadie se arriesgue a incursionar en las opiniones y demandas sobre el Poder Judicial que, de ser el último refugio de los perjudicados de solemnidad, parece convertirse en la salida airosa de los delincuentes de guante blanco.

Existen referencias que hablan de un estado de decadencia y casi postración frente al delito, con síntomas de desencanto y cuyos coletazos salpican a los tres poderes del Estado.

Próximo a culminar Gustavo Bordet su primera gestión gubernamental y enfrentar el juicio de la ciudadanía para un nuevo periodo, nos encontramos con que su antecesor se halla libre bajo el paraguas de los fueros tras amasar un colosal crecimiento patrimonial imposible de justificar y hasta interviene en el proceso interno.

Incluso alguien trabaja para lograr que el político quizás más acusado por enriquecimiento a costa del Estado pos recuperación democrática, siga manejando los hilos de sectores del PJ que de buena fe siguieran a un matrimonio que, curiosamente, despreció la causa de Juan Perón.

Los Kirchner nunca lo nombraban al viejo líder y se sentían muy bien elogiando a Carlos Menem. Los turbios negocios con un dictadorzuelo venezolano cuyo actual heredero avergüenza hoy a América Latina, permitieron la llegada de fondos para una campaña (¿se acuerdan de la valija portada por Guido Antonini Wilson?).

 

La anunciada reapertura de la añeja causa por enriquecimiento ilícito de los arribados desde el sur, que cerró el juez Norberto Oyarbide canallescamente admitiendo con toda desfachatez que: “me apretaron el cogote para que sacara las causas de los Kirchner”, podría correr el camino de una nueva frustración.Los cristinistas que hablan de persecución política, saben que mienten.

A propósito, pareciera que en estos días nadie se atreve a incluir en sus mensajes propuestas superadoras para mejorar una cuestión tan crítica como esencial en el juego de las instituciones centrada en el Poder Judicial (si se procediera con Oyarbide con la celeridad y dureza con que se está actuando contra el fiscal Carlos Stornelli, podría el ciudadano sentir que la igualdad se reoxigena).

Una legislación que proteja a los delincuentes sólo por hallarse ocupando una banca, es inaceptable y supone el empleo de un despreciable salvavidas. El escaño no puede poner un manto sobre hechos anteriores.

Todos los ciudadanos son (o deberían serlo) iguales ante la ley. Una legislación que deje resquicios donde se puedan colar medidas protectoras de los delincuentes, es un verdadero Pito Catalán para los justos que aguardan respuestas reparadoras sujetas al imperio de la ley.

¿Porqué si en Brasil Lula Da Silva fue juzgado y condenado cumpliendo hoy detención carcelaria sin importarles a los jueces su condición de ex mandatario? ¿Porqué también su sucesora Dilma Rousseff fue destituida por el Congreso brasileño por “crímenes de responsabilidad”? ¿Porqué su ex vicepresidente y luego sucesor, Michel Temer, imputado por “corrupción, peculado, blanqueo de capitales y ser líder de un grupo criminal (se lo vincula con la Operación Lava Jato) acaba de pasar cuatro días en una cárcel de su país como cualquier vecino?

¿Porqué si la justicia peruana no tuvo miramientos para juzgar y condenar al presidente Alberto Fujimori por (entre otros delitos) su responsabilidad en los “asesinatos por alevosía, secuestro agravado y lesiones graves, como autor intelectual de las matanzas Barrios Altos (1991) y La Cantuta (1992), integrando el Escuadrón del Ejército conocido como Grupo Colina? Consecuentemente preguntamos:

¿Porqué entonces Carlos Menem, condenado en varias causas (la más reciente fallada el pasado miércoles por vender a precio vil el predio de la Sociedad Rural, se termina riendo de los jueces?

Adviértase que la flamante sentencia le veda de por vida ocupar cargos públicos, por lo cual debería abandonar su banca y por ende perder sus fueros. Dato vergonzante: la sentencia demoró ¡29 años!

Foto NA: PABLO LASANSKY

 

Hoy hiere la sensibilidad ciudadana que se hable de los roces internos en la Suprema Corte y se blanquee la identificación de sus miembros con tal o cual fuerza política. Los argentinos hemos sido engañados cuando nos enseñaron que la mirada de la justicia debe soslayar las simpatías personales de sus miembros. Más insólito suena que se hable de “operadores judiciales”.

En nuestro país, cercano a concluir su gestión Mauricio Macri, su antecesora jefa de la corrupción K no sólo gambetea su detención (soporta 10 procesamientos y 5 pedidos de prisión preventiva) sino que maneja los hilos de su corriente casi como presumiendo que las celdas no están hechas para ella.

Algunos “perejiles” que han sido serviciales a su sed de riqueza a la hora de saquear el Estado, están privados de su libertad. A Cristina Fernández no se le requiere pedir permiso para salir del país sino que le basta con dar aviso. El pasado jueves un juez la procesó por peculado, al utilizar aviones oficiales para hacerse llevar diarios desde Aeroparque a Santa Cruz los fines de semana y feriados en que ella (y antes su extinto esposo) descansaban, siendo que este servicio lo prestaban líneas comerciales (se supo que en las aeronaves también viajaban personas portando extraños bultos).

Pero en nuestra provincia también existe un estado de impunidad que irrita al ciudadano y que se centra en las innumerables causas que involucran a la gestión urribarrista cuyo mayor imputado es el ex mandatario, pero también abarca a legisladores y otras personas imputados de gravísimos delitos donde se habla de un faltante de nada menos que 2.000 millones de pesos sustraídos de las arcas estatales.

Durante el acto de iniciación del Año Judicial 2019 celebrado en el Palacio de Justicia, se advirtió la presencia sin pudor alguno de Sergio Urribarri. ¿Será un próximo senador nacional? ¡Aguanten los queridos fueros!

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