Votar: un acto de la existencia

Como Hamlet ante el mandato del fantasma, está el elector. Oscila. Es un péndulo que no puede para su movimiento. La libertad de la elección lo agobia. Es el precio de ser libre. Un vaivén entre dos polos, entre dos posturas, entre el blanco y el negro.

Por Marta Ledri – profesora en Letras

En la soledad del cuarto oscuro debe detenerse. Mira las boletas que con sus colores sabiamente elegidos y diseñados tratan de seducirlo. Hasta el elector que ya ha rumiado de antemano su sufragio vacila en ese momento. El péndulo enloquece y luego apacigua su ritmo, sigue la dudosa mano que apenas se estira entre aquellos papeles carnavalescos con sonrientes rostros que lo llaman. De insignificantes papeles que han costado fortuna y luego serán quemados, depende el futuro propio, el de sus hijos, el de su Patria.

Esta libertad a la que lo han arrojado lo confunde. En tanto el péndulo sigue. Marca su tiempo interior y el exterior: afuera una caja de cartón con una ranura voraz en forma de boca lo espera para atrapar su decisión.
“Temor y Temblor” en el instante en que se detiene. Debe arrojarse al abismo o agilizar su mente y dar el Salto (Kierkegaard). Finalmente toma la boleta, la dobla prolijamente, y la guarda en el sobre rubricado. Pasa apenas la lengua, es casi un beso al futuro o una plegaria. Mira por última vez el cuarto que fue testigo de un acto de voluntad y ve en el pizarrón señales de una niñez que estudia. Por ellos ha pegado ese Salto. Con ese acto sigue construyéndose como hombre y deberá cargar con las consecuencias. Experimenta la angustia al proyectar para sí mismo y para el resto de los que habitan en su país. La angustia no es quietud, no es determinismo. Suelto, libre, en secreto, ha emitido su voto que se sumará a otros o se opondrá al de otros seres libres.

Siempre dos orillas, una grieta profunda en el medio, un río de tiempo que arrastra ahogados, caídos, desaparecidos, dictadores, populismo, oligarquismos, diestros y siniestros…Un fluir de historia y él en su barco remando a favor o en contra de la corriente.

No parará la historia, no dejarán de correr las aguas del tiempo, pero el instante aconteció. Ante la disyuntiva, ante la horqueta lista para el disparo, ante el Aut- Aut el hombre elige. Mira por última vez el claro cuarto oscuro. Sale. Alimenta la urna que traga y hunde en su vientre insatisfecho el sobre. Le pesa la angustia. Ser libre es una responsabilidad. Entra en la esfera ética, suspira, mira el cielo y se re-liga con el universo que le devuelve la esperanza.

 

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