Memoria de mundiales (parte II)

Esa madrugada en Sarandí, las piñas sonaron de manera estruendosa, como en los allanamientos de una película yankee cuando buscan un dealer de poca monta en un hotel de ruta en algún valle árido de California, con pasillos largos y decenas de puertas. Hacía frío, las frazadas cuadrillé de lana que pesaban y me daban alergia, se cayeron por la forma intempestiva en que desperté y me senté en la cama. O al revés, no sé qué pasó primero. No recuerdo haberme incorporado tan rápido alguna otra vez como esa…

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